Cine | Reseña de Vidas Imaginarias
por Gustavo Noriega
La obsesión por Antonio Di Benedetto genera un filme de una sombría frescura
Vidas imaginarias es el documental del mendocino Federico Cardone, pero también el libro de relatos escrito por Marcel Schwob en 1896, quien según Borges “inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de esta obra está en ese vaivén». Justamente, el filme recupera ese procedimiento.
El filme busca ahondar en lo que aún puede rastrearse sobre la vida y obra de Di Benedetto -en su tierra y por parte de coterráneos- para ampliar el fervor por su figura. Bien puede oficiar de puerta de entrada para sus libros; para quienes no lo leyeron o una visión original sobre un autor singular, que vivió con vientos a favor y otros muy en contra, que pudieron haberle hecho valorar la vida, a pesar de tener un linaje de suicidas.
La intervención de Mariano Llinás, le aporta una capa con mucho humor que está dedicada al público cinéfilo. También se habla de una supuesta maldición sobre hacer cine relacionado a la obra del autor de Zama, con la que Lucrecia Martel no sólo logró superar la falacia, sino también convertir su versión cinematográfica en un hito.
Es necesario algo de obsesión con el tema, para llevar adelante el audiovisual; y una clara muestra de eso, son los segundos filmados cámara en mano y a las corridas, detrás de los restos del escritor que son trasladados en un ataúd.
No faltan las imágenes encriptadas, como la del inicio donde se aprecia un primerísimo primer plano de la cabeza de un elefante, sin que se pueda apreciar el contexto; podría ser que su trompa hacia abajo signifique arraigo; ya que tanto el objeto de estudio como quienes se ocupan de él, pertenecen a Mendoza y muchas imágenes dan cuenta de ese paisaje.
El testimonio de un sobrino, es original, por su distanciamiento y cercanía a un mismo tiempo con su tío escritor. Lo recuerda muy afectuoso con su madre, pero severo con él.
Valentina Espina Zapata realizó una tesis doctoral sobre Di Benedetto y el silencio, y no sólo se hizo cargo de la música original, sino que entró interesada por el documental y terminó siendo coprotagonista de la ficción. Y junto a Andrés Ceccarelli, aportaron a la estructura general, mucho se fue ordenando en función de esa música, gracias a la posibilidad de que haya sido creada previamente.
Entre documental y ficción, la película termina de armarse en el montaje (Cardone y Diego Oneto) y los personajes de Vera (Malena Garay) y Santiago (Santiago Francisco Borremans) desarrollan una reflexión sobre la vida y la muerte; a las que ellos -respectivamente- representan.
.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario