Cine | Reseña de El Pasajero del Diablo

Título Original: Passenger. País: EEUU. Año: 2026. Dirección: André Ovredal. Guion: T.W. Burgess y Zachary Donohue. Elenco: Lou Llobell, Jacob Scipio, Melissa Leo. Música: Christopher Young. Fotografía: Federico Verardi. Montaje: Martin Bernfeld. Duración: 94 minutos. Distribuidora: Universal Pictures.






por Patricio Ferro


El pasajero del diablo es una película de terror dirigida por  el cineasta de origen noruego André Øvredal, cuya filmografía se desarrolló exclusivamente en este género. 

La historia se centra en Maddie (Llobel) y Tyler (Scipio), una pareja de jóvenes que viven una vida nómade dentro de su camioneta, viajando por las rutas de Estados Unidos. Pero, luego de detenerse para presenciar las consecuencias de un accidente automovilístico que dejó una víctima fatal, son acosados por una entidad demoníaca (Lopez), que los persigue con el objetivo llevarlos a la locura hasta asesinarlos.

En primer lugar, es necesario destacar que la película tiene una puesta en escena minimalista, ya que la historia se centra casi exclusivamente en la pareja protagónica, dándoles a los personajes secundarios escasos minutos de pantalla. Esto hace que resulten efectivas las apariciones sorpresivas de esta entidad demoníaca mediante efectivos jumpscares, que funcionan como remate de un clima de tensión previamente construido.



Un párrafo aparte merece la fotografía, a cargo de Federico Verardi, que saca provecho de la oscuridad de los caminos rurales en horarios nocturnos, para mostrarlos como lugares aterradores sin necesidad de recurrir a efectos visuales. De este modo, se genera un clima de extrañamiento constante y mostrando la violencia gore justa y necesaria, dejando que el espectador complete lo que no se muestra en pantalla, gracias al efectivo uso de los efectos de sonido y el fuera de campo.  

En conclusión, El pasajero del diablo es una película de terror original con una historia autoconclusiva, que marca así la diferencia en una época donde abundan las secuelas y remakes. Aunque no resulta una obra maestra, demuestra una vez más el talento de André Øvredal, quien una vez más maneja con efectividad y profesionalismo los códigos narrativos del terror, entendido como género cinematográfico. 


 


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