Cine | Reseña de Nada entre los dos

País: Argentina. Año: 2026. Dirección: Juan Taratuto. Guion: Juan Taratuto y Matías Scartascini. Elenco: Gael García Bernal, Natalia Oreiro, Peto Menahem, Pia Watson, Leonardo Daniel y Axel Madrazo. Música: Martín Rivero y Hernán Segret. Fotografía: Julián Ledesma. Montaje: Pablo Barbieri Carrera y Lautaro Colace. Duración: 90 minutos. Distribuidora: Moving Pics. 





por Mariana Parodi


Juan Taratuto vuelve con Nada entre los dos a ese territorio que mejor conoce: las relaciones humanas atravesadas por crisis, deseos y decisiones incómodas. El director de No sos vos, soy yo, Quién dice que es fácil y Un novio para mi mujer encuentra otra vez una manera muy cercana y honesta de hablar sobre vínculos que ya no funcionan, pero evitando caer en golpes bajos o grandes dramatismos.

La película sigue a Guillermo (Gael García Bernal) y Mechi (Natalia Oreiro), dos personas casadas que se conocen durante un viaje laboral. Él vive atrapado en una rutina que ya no siente propia; ella intenta sostener un trabajo que no la representa, un matrimonio desgastado con un marido lleno de proyectos fallidos (Peto Menahem) y una hija con la que no logra conectar. Una madrugada, escapando de un supuesto temblor, terminan compartiendo una charla en la playa y, casi sin darse cuenta, aparece entre ellos una conexión inesperada.



Lo mejor de la película está justamente ahí: en esos pequeños momentos. En las conversaciones simples, las miradas incómodas, los silencios y esa sensación de encontrarse con alguien en el momento menos pensado. Taratuto filma todo con mucha naturalidad, sin intentar romantizar de más a los personajes ni convertirlos en héroes románticos. Son adultos cansados, confundidos, tratando de entender qué quieren hacer con sus vidas.

La química entre los protagonistas funciona muy bien porque ambos interpretan personajes vulnerables y contradictorios. Natalia Oreiro compone una Mechi muy humana, sensible y frustrada, mientras que Gael García Bernal aporta una melancolía muy sutil. Y Peto Menahem, incluso en un rol más incómodo, logra construir un personaje que nunca termina reducido a un simple obstáculo romántico.

Nada entre los dos no busca grandes giros ni escenas espectaculares. Es una película pequeña, íntima y muy observadora sobre las segundas oportunidades, el desgaste emocional y esas conexiones inesperadas que aparecen cuando uno siente que ya llegó demasiado tarde para cambiar. Taratuto vuelve a demostrar que sigue teniendo una sensibilidad muy particular para hablar del amor y las contradicciones de las parejas desde un lugar cercano y profundamente humano.

 

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