Cine | Reseña de Una canción para mi tierra

Países: Argentina, Colombia y Alemania. Año: 2024. Dirección: Mauricio Albornoz Iniesta. Música: Ramiro Lezcano. Fotografía: Pablo Núñez Galardo. Montaje: Sofía Merle. Duración: 96 minutos. Distribuidora: Cinetren.













por Pablo Kulcar

En un pueblo rural, Ramiro, un maestro de música decidido a estimular el arte en sus alumnos, descubre una situación que afecta a toda la comunidad y es más que un problema a resolver. Aviones y máquinas fumigadoras aplican agroquímicos a los cultivos que están cerca de la escuela, sin tener en cuenta el daño que estos provocan en los chicos. El tema involucra a todos los campos de la pampa húmeda:  están quienes lo defienden y quienes lo sufren.

Frente a esto, el profesor decide crear conciencia del daño que se está infringiendo a lo más importante que tiene el campo: su tierra y su gente. 

Así, invita a sus alumnos a pensar canciones con letras que intenten despertar conciencia en cada familia sobre el riesgo de enfermedad que los sobrevuela casi a diario. Una parte de la población está involucrada laboralmente en el modelo productivo, lo que complejiza aún más el conflicto. Las maestras y directoras de las escuelas rurales apoyan la iniciativa, pero temen que sus autoridades les pongan límites a esta reflexión agroecológica. 




Ramiro encuentra respuesta entusiasta en sus alumnos y decide duplicar la apuesta: organizar un mega recital que tendrá artistas invitados de renombre y lo denomina el "Woodstock Ambiental". Para ello, necesita permiso y un lugar físico, detalles que se empiezan a complicar a medida que sus canciones y su propuesta se esparce.

Muchas de las letras han sido compuestas por los propios chicos. El documental registra cómo Ramiro, desde su propia sensibilidad de músico, logra un vínculo genuino con sus alumnos. Esto se construye, en parte, a lo novedoso que es un profe tocando la guitarra eléctrica en el aula. 

Ramiro entiende que tiene que afrontar este desafío: los alumnos lo siguen y las directoras de las escuelas rurales están entusiasmadas,pero muchos lugareños se oponen. Una grieta que pone a dos bandos en pugna, donde el arte actúa de puente.

La película construye un trabajo minucioso sobre cada paso que se da. Ramiro suma más escuelas y más alumnos, mientras que el  apoyo de León Gieco le da la entidad que necesita para que otros músicos también se involucren. De a poco, un sueño gigante, gestado en una escuelita rural de 20 alumnos, se desparrama como tinta que marca a cada habitante de la zona.


Y en el ojo de la tormenta está Ramiro, que recorre caminos de tierra con su moto para encontrarse con sus alumnos. Los padres desconfían, pero el peso de los artistas convocados, acalla sus dudas. 

El  lugar es finalmente autorizado por la municipalidad y un mar de personas se agrupan en la noche del show para ver a sus hijos cantar por el aire libre. La película tiene un relato que se construye desde los hechos cronológicos y adquiere un suspenso épico, ya que se trata de un encuentro entre la música y el compromiso colectivo. 

El director registra momentos en el aula y momentos de entrevistas de trabajo, que, como piezas de rompecabezas, van dando forma al sueño. El hecho se vuelve resonante: los chicos, con sus guardapolvos blancos, forman una fila inmensa que desfila por la calle hacia el escenario. Son niños en una experiencia que marcará su vida. 

La escena final nos da esperanza, y la cámara expone toda la emoción acumulada. Un documental imprescindible, lleno de chicos participando y contagiando a un pueblo entero, a  productores en un importante estudio de grabación y a músicos que no olvidan la función social que tiene un verdadero artista. 


Comentarios

Entradas populares