Cine | Reseña de Exit 8
por Nahuel Tesouro
Exit 8, la propuesta japonesa de terror que llega a nuestros cines tras un recorrido sorpresivo en el resto del mundo, comienza con un único plano secuencia de diez minutos en el cual el espectador tiene el punto de vista del protagonista. La cámara, en este inicio excéntrico, funciona como el ojo del personaje principal, en una estética similar a la de Hardcore Henry (película del 2015). Se trata de un inicio muy divertido para experimentar en cine, que coloca de entrada al espectador en la piel del protagonista de manera casi literal, y hace a uno pensar que lo que vendrá a continuación será un film innovador y experimental.
Si bien este comienzo, junto con la trama -que sigue a un grupo de personajes a través de distintos capítulos mientras navegan un pasaje misterioso del subte con sus propias reglas para avanzar y poder escapar-, tienen elementos novedosos, el resto del metraje se queda corto en comparación.
Tras ese inicio intrigante donde la cámara representa el ojo del protagonista, lo que sigue es otro plano secuencia, también de considerable duración, que muestra a nuestro héroe (ahora sí con la cámara fuera de su perspectiva) a medida que avanza por la famosa o infame Exit 8 y va aprendiendo las reglas. Este momento también es brillante: a través de planos que muestran la espalda del protagonista mientras atraviesa el laberinto de la Exit 8, la película captura la sensación de que el espectador está jugando a un videojuego.
Sin embargo, en el momento en que se rompe ese plano secuencia sin una razón de importancia ineludible, la película entra en un terreno mucho más tradicional. La creatividad imaginativa que impulsó los dos plano secuencia iniciales y que daba forma a la trama, se va perdiendo en un mar de lugares comunes.
Cuando se tiene una idea como la de esta película -lo que en inglés llamarían high concept- hay, en líneas generales, dos maneras de conseguir que la totalidad del metraje sea igual de interesante que el comienzo: o bien aplicar la misma ingeniosidad de la historia al dispositivo cinematográfico, al lugar de la cámara y a juegos con la dirección; o se añaden nuevos elementos continuamente al concepto inicial. Exit 8 no opta por ninguna de las dos posibilidades.
No por esto es una mala película, en absoluto; resulta entretenida y misteriosa por varios tramos. Sin embargo, el resultado final es de una regularidad bastante olvidable.
A los 30 minutos, una vez que comprendimos las reglas del juego y sabemos precisamente cuáles son los obstáculos que enfrentará el protagonista, Exit 8 pierde mucha de su fuerza. Sí, luego trata de renovar con la inclusión de otros personajes que atraviesan el mismo obstáculo, pero la sorpresa dura apenas unos minutos hasta que volvemos al mismo escenario y con los mismos problemas.
Este film se hubiera beneficiado enormemente de recursos formales de cámara más atrevidos, elementos que utiliza al comienzo y luego abandona para seguir una narrativa (tanto desde el guion como de la dirección) más tradicional.
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