Cine | Reseña de Obsesión

Título Original: Obsession. País: EEUU. Año: 2025. Dirección y guion: Curry Barker. Elenco: Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson, Megan Lawless y Andy Richter. Música: Rock Burwell. Fotografía: Taylor Clemons. Duración: 100 minutos. Distribuidora: Universal Pictures. R-17 





por Mariana Parodi


Obsesión toma una premisa conocida —el clásico “cuidado con lo que deseas”— y la transforma en una experiencia incómoda y bastante perturbadora. Lo más interesante de la película de Curry Barker no es el elemento sobrenatural en sí, sino cómo utiliza el horror para hablar de algo mucho más real: la necesidad desesperada de ser amado y el egoísmo que puede esconderse detrás de ciertos vínculos.

La historia sigue a Bear, un chico enamorado de su mejor amiga Nikki desde hace años. Todo cambia cuando encuentra un misterioso “sauce del deseo”, un objeto que promete cumplir un único deseo. Desesperado, pide que Nikki lo ame más que a nadie en el mundo. Y funciona. Pero lo que parecía un sueño romántico rápidamente se convierte en una pesadilla, porque Nikki no solo se enamora, se obsesiona.

Michael Johnston construye un Bear muy humano. No intenta convertirlo en el típico protagonista inocente; al contrario, su interpretación está llena de contradicciones. Hay momentos donde genera empatía genuina y otros donde resulta frustrante verlo ignorar las consecuencias de sus actos. Johnston logra transmitir muy bien esa mezcla entre vulnerabilidad, culpa y deseo, haciendo que el personaje nunca sea completamente “bueno”. 



Pero quien realmente se roba la pantalla es Inde Navarrette. Su Nikki pasa del encanto a la incomodidad absoluta de forma gradual, casi imperceptible. Nunca cae en exageraciones caricaturescas: el miedo nace justamente de lo natural que se siente su obsesión. Hay miradas, silencios y pequeños cambios corporales que hacen que el personaje se vuelva cada vez más inquietante. 

Otro de los grandes aciertos de la película es la iluminación. La fotografía de Taylor Clemons trabaja constantemente con luces cálidas, sombras densas y espacios cerrados para generar una sensación de asfixia. Muchas escenas nocturnas tienen una iluminación tenue que hace que todo parezca peligrosamente íntimo. La casa de Bear, por ejemplo, nunca se siente realmente segura: los tonos verdosos, las lámparas bajas y los rincones oscuros convierten un espacio cotidiano en algo opresivo. La tensión no viene de monstruos escondidos, sino de sentir que algo está “mal” incluso cuando aparentemente todo está tranquilo.

El director también apuesta por tomas largas y movimientos de cámara contenidos que obligan al espectador a permanecer dentro de la incomodidad. No corta rápido para aliviar la tensión. Deja que las escenas respiren, que los silencios pesen y que el espectador permanezca atrapado junto a los personajes. Eso hace que cuando el horror finalmente explota, el impacto sea mucho más fuerte.

Obsesión funciona porque entiende que el verdadero terror no está en el objeto maldito, sino en la obsesión emocional. En la idea de querer tanto a alguien… que terminás destruyéndolo.



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