Cine | Reseña de Amarga Navidad
País: España. Año: 2026. Dirección y guion: Pedro Almodóvar. Elenco: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado y Victoria Luengo. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Pau Esteve Birba.
por Mariana Parodi
Con Amarga Navidad, Pedro Almodóvar vuelve a explorar uno de los territorios que mejor conoce: el límite difuso entre la vida y la ficción. Pero esta vez lo hace desde un lugar mucho más introspectivo y melancólico, construyendo una película atravesada por la memoria, la creación artística y las heridas emocionales que inevitablemente terminan filtrándose en aquello que escribimos.
La historia se mueve entre dos tiempos y dos protagonistas. Por un lado está Elsa, interpretada por Bárbara Lennie, una directora de publicidad que atraviesa el puente de la Constitución en diciembre de 2004 junto a su novio Bonifacio y sus amigas Patricia y Natalia. Paralelamente, en 2025, aparece Raúl, personaje encarnado por Leonardo Sbaraglia, un director y guionista en plena crisis creativa que comienza a escribir justamente la historia de Elsa. Poco a poco, la película revela que ambos universos están profundamente conectados y que Elsa funciona, de algún modo, como un alter ego emocional de Raúl.
Almodóvar construye así un relato sobre la autoficción, pero también sobre la imposibilidad de separar del todo la creación artística de la experiencia personal. Raúl escribe para entenderse a sí mismo, pero en ese proceso también expone inevitablemente a quienes forman parte de su intimidad: su pareja y su ayudante, interpretados por Quim Gutiérrez y Aitana Sánchez-Gijón.
Lejos de los excesos más explosivos de otras etapas de su filmografía, Amarga Navidad encuentra su fuerza en los silencios, en los vínculos rotos y en la sensibilidad con la que observa a personajes emocionalmente desgastados. La película se pregunta constantemente hasta dónde puede llegar un artista cuando transforma su vida —y la de los demás— en material narrativo.
En ese sentido, Bárbara Lennie ofrece una interpretación cargada de pequeños gestos y fragilidad emocional. Leonardo Sbaraglia, por su parte, compone un personaje un tanto más introspectivo, atrapado entre la necesidad de volver a crear y el peso de mirar demasiado hacia adentro.
Con una puesta elegante y una narrativa que mezcla realidad, recuerdos y ficción de manera cada vez más difusa, Amarga Navidad confirma una vez más la capacidad de Pedro Almodóvar para convertir los conflictos emocionales en cine íntimo y universal al mismo tiempo.
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