Reseña | Cine | Septiembre 5


Por Mariana Parodi

Nominada a los premios Oscars como Mejor Guión Original, Septiembre 5 es una película del director Tim Fehlbaum, basada en los hechos ocurrido el 5 de septiembre de 1972. Situados en la segunda semana de los Juegos Olímpicos en Munich, Alemania, el equipo de noticias deportivas de la ABC cubre el evento para los espectadores estadounidenses pero en la madrugada un grupo de atletas israelies son tomados de rehenes por un comando del grupo terrorista palestino Septiembre Negro. En este hecho fallecieron 11 atletas israelíes, 5 palestinos y un policía alemán.

El director toma la suficiente distancia como para realizar una película neutral y apolítica pero sabemos que, eso en sí mismo, es un acto político. Y aunque ante los conflictos actuales en la franja de Gaza, no pasarán por alto, el público es quién sacará sus propias conclusiones. 

La acción se centra en el control del equipo de noticias donde, de un momento a otro, deberán dejar de lado los deportes, registrar e informar en tiempo real por primera vez en televisión un acto de terrorismo y convertirse, al menos por un día, en periodistas de investigación. Un evento que cambiaría para siempre la historia de la televisión. 




La tensión es innegable en este thriller periodístico que, al ritmo del teletipo, nos introduce en el ritmo frenético y claustrofóbico de habitar esa sala. Esto es gracias al trabajo de edición de Hansjörg Weißbrich, conocido por haber participado en más de sesenta películas como “Colonia” o, más cercano a nuestro país, “Adiós Buenos Aires”.

Como comunicadores es imposible no pensar en estos periodistas que con el afán de la primicia rompen la barrera ética que supone dicha profesión, influyendo en los propios hechos, caminando sobre la delgada línea de lo correcto/incorrecto.

Peter Sarsgaard, John Magaro y Ben Chaplin dan interpretaciones sólidas de estos hombres que, sin saberlo, darían forma a un nuevo tipo de periodismo. Leonie Benesch le da vida a Marianne, la traductora alemana que será nexo entre su país que intenta mostrar una nueva luz luego del Holocausto y los periodistas con los que trabaja.




El montaje de la película es inteligentemente usado para mezclar imágenes de archivo con escenas ficticias. Los encuadres y movimientos de cámara a cargo de Markus Förderer, director de fotografía, son determinantes para generar la atmósfera de esa sala de control que va deprisa detrás de las noticias. 

Es una película correcta en términos técnicos, redonda en cuanto a ritmo y duración y con interpretaciones sólidas pero que peca en su anhelo de ser neutral quitando dramatismo.



Comentarios

Entradas populares