Teatro | Reseña de Es teatro, es deseo

 


El deseo de hacerlo todo por Agustina Noriega

“Es teatro, es deseo (Julieta & Romeo)” es una obra escrita y dirigida por Romina Richi que propone sumergirnos, de una manera disruptiva, en el universo de Shakespeare, pero esta vez en el Saldías.

La premisa es la siguiente: Julieta cumple años y a la fiesta llegan otros personajes shakesperianos. Hay cuerpos, erotismo, drama y caos. Desde el principio, queda claro que la obra no tiene demasiado interés en la mesura.

Acá el deseo no es solamente un tema que atraviesa a los personajes. El Deseo, interpretado por Leonora Balcarce, es protagonista y oficia como guía de este extraño encuentro, acompañado por sus dos caras: el Impulso (Florencia Borruso) y la Tentación (Valentina Vicentin). Distante, irónica y hasta un tanto cínica, observa a los personajes y también a nosotros. Balcarce entiende especialmente bien ese código: se mueve entre la escena y la platea con magnetismo y se convierte en una de las presencias más atractivas del espectáculo.

En el centro está Julieta, interpretada por Margarita Páez. No parece casual que acá sea “Julieta & Romeo” y no “Romeo y Julieta”. Sin convertirlo en un discurso explícito, la obra desplaza la mirada hacia sus personajes femeninos y hacia el lugar que ocupan dentro de un universo marcado por mandatos, obediencias y deseos muchas veces condicionados por otros.

Alrededor de Julieta aparecen distintas formas de desear. Ella y Romeo (Balthazar Murillo) cargan con el amor adolescente llevado hasta sus últimas consecuencias. Ofelia (Olivia Espeche), con el amor y la obediencia; Hamlet (Camo Sibolich), con la venganza y la duda. Lady Macbeth (Andrea Ebrahim) y Ricardo III persiguen el poder; Cleopatra (Fiona Mastronicola) reúne sensualidad y autoridad, mientras Calibán (Pía Pécora) busca dejar de ser sometido y recuperar su libertad.

Richi los arranca de sus propias obras y los reúne bajo una misma pregunta: ¿qué hicieron con aquello que desearon y qué hizo el deseo con ellos?



La elección de Saldías Polo Cultural acompaña esa búsqueda. En un galpón, lejos de las convenciones de una sala tradicional, la platea se distribuye en distintos frentes y nos deja adentro de la escena: no existe un único punto hacia donde mirar y el espectador debe aceptar que no podrá abarcarlo todo. 

La puesta es avasallante, con algo cinematográfico en la construcción de sus imágenes y, al mismo tiempo, algo ligado a un teatro de otros tiempos: el gesto amplio, el artificio expuesto, cierta grandilocuencia. El rojo domina el espacio y construye una atmósfera nocturna y decadente, mientras los personajes shakesperianos, en blancos y negros, con los pómulos oscurecidos y los ojos sombreados, terminan de componer una estética trash donde nada intenta pasar por natural: el teatro se muestra como tal.

La música ocupa un lugar central, a cargo de Ezequiel Silberstein. Una orquesta en vivo forma parte física del espacio y el canto lírico se integra a la acción. La formación de Richi como directora de ópera se hace visible en una concepción donde lo musical no funciona como acompañamiento, sino como uno de los lenguajes desde los que se construye la obra. Teatro, ópera, danza y música conviven hasta acercarse a la idea de un espectáculo total.

El despliegue performático remite a cierta escena porteña noventosa, atravesada por la sensualidad y una particular libertad creativa. La actuación participa de esa misma lógica: los cuerpos se expanden, los gestos se amplifican y las voces se proyectan como si el espectador estuviera a decenas de metros, aunque esté a centímetros. El trabajo interpretativo sostiene esa intensidad. Actores, bailarines y músicos responden a una obra que les exige presencia, precisión y una enorme disponibilidad corporal.

Richi lleva adelante un proyecto en el que el exceso no parece un accidente ni algo que deba corregirse: es parte constitutiva de su lenguaje. La acumulación de cuerpos, imágenes, sonidos y estímulos encuentra en esa exuberancia su propia lógica.

“Es teatro, es deseo” le hace justicia a su nombre. El deseo no es solo aquello de lo que se habla: aparece también en el propio gesto de llevar adelante una obra de estas dimensiones. Como si crear fuera, antes que nada, desear que algo exista.


Ficha técnica

Dramaturgia y dirección: Romina Richi

Dirección musical: Ezequiel Silberstein

Coreografía: Barby Majule

Escenografía: Guillermo Bechthold

Producción: Romina Richi, Lucas Daniel Emilio, Corcho Garisto, Lumen Cine y Lucas Pombo

Vestuario: La Polilla Vestuario

Asistencia de dirección y producción: Franco Yovine, Giampietro Marchionni.

Fotografía: Adler Guido

Diseño gráfico: Ale Ros

Iluminación: Joaquín Alejandro Losada

Maquillaje: Paula Yapur

Prensa: Raquel Flotta


ACTORES Y ACTRICES

Leonora Balcarce

Balthazar Murillo

Margarita Páez

Olivia Espeche

Andrea Ebrahim

Camo Sibolich

Emanuel Moreno

Daniel Ibarra

Fiona Mastronicola

Pía Pécora

Juan Felice Astorga

Martín Di Paola

Lautaro Ivan Martínez

Lautaro Espeche

Stephanie Troiano


CANTANTES

Virginia Guevara

Darío Pometti


BAILARINAS Y BAILARINES

Antonella Ferreiro

Jitsu Díaz

María de los Milagros Tourn

Florencia Borruso

Valentina Vicentín

Isabella Cellino

Juan Manuel Cabrera


MÚSICAS Y MÚSICOS

Santiago Klain

Emilia Juarez

Micaela Sánchez

Maximiliano Pereira Das Neves

María Bice Gambandé


Duración: 90 minutos


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