Cine | Reseña de Digger

Año: 2026. Dirección: Alejandro González Iñárritu. Guion: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Sabina Berman y Jez Butterworth. Fotografía: Emmanuel Lubezki. Montaje: Stephen Mirrione y Conor O’Neill. Música original: Cosmo Sheldrake. Elenco: Tom Cruise, Jesse Plemons, Sandra Hüller, Riz Ahmed, John Goodman, Michael Stuhlbarg, Sophie Wilde, Emma D’Arcy, Burn Gorman y Robert John Burke. País: Estados Unidos, Reino Unido y México. Duración: 129 minutos. Distribuidora: Warner Bros. Pictures.


por Nadia Yannuzzi




Alejandro González Iñárritu es uno de los realizadores latinoamericanos más reconocidos. Es responsable de películas muy conocidas, como Babel, y de dos de las grandes preferidas de principios de los 2000: 21 gramos y Amores perros. En 2015 ganó el Oscar por Birdman. Además, ha trabajado con la crema y nata del star system: Javier Bardem, Gael García Bernal, Cate Blanchett y Brad Pitt, entre otros. 

Y ahora llega Digger, protagonizada ni más ni menos que por Tom Cruise. En principio, la premisa resulta interesante: una sátira dentro de una sátira. Una película sobre una obra que busca retratar a los hombres más poderosos del mundo, cuyas referencias son rápidamente identificables. El elenco se compone de grandes nombres como Sandra Hüller y Michael Stuhlbarg, entre otros. Para cumplir con los tiempos que corren, también están Riz Ahmed y Sophie Wilde, aportando la cuota mínima de diversidad y representación minima que Hollywood parece demandar.

El argumento es el siguiente: una de las compañías petroleras del empresario más poderoso del planeta, que detenta mucho más poder que muchos Estados nacionales, provoca un desastre ambiental de proporciones épicas que afecta a Europa —si afectara a África, quizá no importaría tanto—. Y ahí comienza una carrera por el control de la narrativa y la construcción de la verdad, no por el control de los daños ni por la asistencia a la población. Pero no todo es lo que parece: después de una hora de película descubrimos que, en realidad, lo que estamos viendo es una obra de teatro, reforzando así la idea de que el modo en que contamos las cosas es, justamente, el centro de todo.

La película ha dividido al público y la decisión final queda en manos de cada espectador. Hay quienes hablan de fracaso y quienes celebran que Cruise salga de su habitual rol de hombre de acción. Y hay un poco de todo: cine catástrofe, ciencia ficción, futuro tecnológico, humor y más. La trama avanza de forma vertiginosa, tiene un gran ritmo y algunas escenas están coreografiadas de manera excelente, especialmente la primera reunión con el presidente. Pero el principal mensaje es bastante claro: el poder es económico, sí, pero su verdadera fuerza reside en controlar la información y el discurso. Algo que se refuerza cuando descubrimos quién está detrás de la obra de teatro.



Lo que sí podemos afirmar es que Digger incomoda, porque eso es precisamente lo que busca generar el grotesco. Y este tipo de grotesco, cargado de elementos estadounidenses deliberadamente exacerbados, no es para todo el mundo. Los chistes escatológicos, especialmente, pueden ser difíciles de tolerar. Y no por una cuestión de políticamente correcto, sino porque ya quedó claro, está muy visto y no divierte. Es decir, no es tanto la originalidad del guion lo que nos hace movernos en la butaca, sino la acumulación de elementos clásicos del género.

Otro punto problemático reside en que la película no parece tener una identidad visual propia. Hay escenas que remiten directamente a Los Simpson, a la estética de Tim Burton y a la de Yorgos Lanthimos —no en vano aparece Jesse Plemons, uno de los actores fetiche del director griego—. Y el final constituye una referencia bastante evidente a Akira, el clásico japonés de 1988.

Al igual que La odisea de Nolan, Digger está rodada en fílmico: 35 mm en formato VistaVision, un sistema desarrollado por Paramount en los años 50. El dato resulta especialmente interesante en un momento en que muchos sostienen que “el fílmico ya no se hace” y los rollos de película aparecen en contenedores de basura. Que grandes nombres de la industria apuesten por el formato físico nos da un poco de esperanza. 

Al final, solo quedan preguntas. ¿Por qué no llevar más lejos la historia? ¿Por qué no es Sandra Hüller la trillonaria maligna o la presidenta de Estados Unidos? Después del impacto inicial, nos damos cuenta de que la propuesta no es tan original como se presenta. ¿Será Digger recordada como otras producciones de González Iñárritu? ¿Será la nueva Emilia Pérez? ¿Alguien se acuerda de Emilia Pérez? Quizás, después de tanto discurso sobre quién controla la narrativa, lo más interesante sea preguntarnos cuánto de todo esto logra realmente sobrevivir a ella.


Comentarios

Entradas populares