Teatro | Reseña de La fuente de Lola Mora
| @letydottafoto |
por Nadia Yannuzzi
Para todos aquellos que fuimos niños en los años 90, la Fuente de las Nereidas es un recuerdo ineludible del verano en Buenos Aires. Emplazada en la Costanera Sur, su presencia era imponente. Mientras las madres tomaban sol con un bronceador naranja —hoy ilegal—, nosotros corríamos a su alrededor sin demasiada conciencia de que estábamos frente a una obra de arte que estaba allí por algo.
Esta producción original del Palacio Libertad busca retratar a su creadora, Lola Mora. Como diríamos comúnmente, busca mostrar a la mujer detrás del personaje; por ello, en la gráfica vemos cómo la protagonista se va separando del mármol.
Mora nació en 1866 en Tucumán y, trascendiendo todas las limitaciones imaginables para su género —sobre todo teniendo en cuenta las conservadoras sociedades de las provincias—, logró alcanzar el éxito y la fama. Como plantea ingeniosamente el texto de presentación de la obra, Lola Mora fue fuente de muchas controversias por su visión artística y su cercanía al poder.
La puesta en escena es interesante y dinámica. Las luces son intensas y el elenco ya está instalado cuando entramos a la sala. Lola va a danzar e interactuar con sus “hijos de mármol”, como ella misma los define. La versatilidad del elenco es maravillosa: con mínimos cambios de vestuario, apenas un delantal o un saco, los intérpretes se convierten en una docena de personajes diversos. Además cantan, bailan, tocan instrumentos, elevan a Lola por los aires, arman y desarman la fuente en cuestión de segundos.
Especialmente ingenioso resulta el modo en que incorporaron a escena el recurso de los rumores en torno a Lola y sus esculturas. Vanesa González, protagonista de la obra, es una actriz muy conocida de la televisión argentina y realmente talentosa. Sin embargo, su actuación es por momentos un poco forzada, con ciertas reminiscencias a Tita Merello.
| @letydottafoto |
Creo que el problema reside en el tono del guion, que apuesta por un feminismo mainstream y, desde ese punto de vista, hace que todas las mujeres “revolucionarias para su época” se parezcan bastante. No sabemos demasiado acerca de por qué Lola quiso hacer esta fuente: el foco está puesto, en cambio, en lo disruptivo del comportamiento de esta mujer. Se formó con grandes maestros de la época, no se casó joven, era bellísima, se fue a estudiar a Europa, tuvo amantes poderosos y un largo etcétera.
Por otro lado, la obra sí resalta el logro de Lola Mora al plantear la necesidad de un arte nacional, especialmente destinado a los espacios y edificios públicos. Muchas de las esculturas que solemos ver en parques y avenidas ya tienen más de un siglo y están realizadas por artistas varones y extranjeros. Esto hace que tengamos obras únicas, sí, pero que simbólicamente hablan de un momento en el que el país miraba hacia Europa. En ese contexto, Mora logró que sus esculturas se instalaran nada más y nada menos que en la explanada principal del Congreso de la Nación.
Como dice un querido amigo, muy conocedor de la historia de la ciudad, hay estatuas que caminan. Las Nereidas fue inaugurada en 1903 en la plaza Colón, detrás de la Casa Rosada, y en 1918 fue trasladada a la Costanera Sur, un espacio que entonces, como podemos imaginar, tenía mucha menos circulación.
Resulta interesante pensar, por cómo lo retrata la obra, en la contradicción —o, más bien, en la doble moral— de la clase alta porteña. Gente que viajaba a Europa durante varios meses para contemplar obras renacentistas de Miguel Ángel o Botticelli reaccionó tan mal ante una obra como Las Nereidas, que sigue la misma tradición de desnudos exuberantes representando escenas mitológicas. ¿Qué les molestó tanto? ¿Fue que la obra hubiera sido realizada por una mujer y, encima, “provinciana”, o el supuesto uso discrecional de fondos públicos? La respuesta es que fue todo eso junto. El intento de instalarla frente a la Catedral terminó convirtiéndose en una suerte de chivo expiatorio.
La fuente de Lola Mora no va mucho más allá de lugares comunes, pero es un gran espectáculo, que entretiene y demuestra la maestría de su elenco.
La fuente de Lola Mora se presenta en el Palacio Libertad los días: viernes y sábados 11 y 12, 18 y 19 de septiembre, 20 h y domingos 13 y 20 de septiembre, 19 h
Ficha técnica
Dramaturgia: María de las Mercedes Hernando
Elenco: Vanesa González (Lola), Sebastián Aldea (organillero/músico), Ricardo Baigorria (Michetti/Roca/Tritón 3), Geraldine Farhat (Paula/Venus), Maiki Ghioldi (Dama 2/Nereida 2), Carito López (Dama 1/Nereida 1), Juanfra López Bubica (Benjamín/Alejandro/Tritón 2), Patricio Penna (Falcucci/Luis/Tritón 1), Nahuel Quimey (D’Anunzio/Rafael/músico)
Director de arte: Dino Balanzino
Vestuario: La Polilla
Iluminación: Ricardo Sica
Compositor y dirección musical: Sebastián Aldea
Coreografía: Carla Rímola
Asistente de dirección: Natalia Pelleritti
Producción artística Palacio Libertad: Pablo Silva / Lucia Hourest
Dirección y puesta en escena: Nacho De Santis
Comentarios
Publicar un comentario