Cine | Reseña de Hangar Rojo

Dirección: Juan Pablo Sallato. Guion: Luis Emilio Guzmán.
Basada en Disparen a la bandada, de Fernando Villagrán. Reparto: Nicolás Zárate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Arón Hernández, Francisco Carrasco y Juan Cano. Origen: Chile, Argentina e Italia. Año: 2026. Duración: 82 minutos. Distribuidora en Argentina: Zeta Films.








por Nadia Yannuzzi




Cae la noche del 10 de septiembre de 1973 en la Escuela de Aeronáutica de la Fuerza Aérea Chilena. La atmósfera ya está establecida. El capitán Jorge Silva recibe, de madrugada, un llamado: el golpe de Estado está en marcha y le piden su colaboración para defender a Salvador Allende. Tres años antes, había evitado su asesinato, lo que le valió una degradación en su carrera. Corta la llamada. Ya ha perdido demasiado y sabe que está a punto de perder mucho más.

Hangar rojo es de esas películas que vemos con la mandíbula apretada, aunque conozcamos el final, y que se quedan con nosotros mucho después de los créditos. Una historia real contada como un thriller, construida sobre una tensión que se sostiene hasta el final. El blanco y negro remite al cine noir clásico, pero acá no es solamente una elección estética: parece borrar cualquier posibilidad de refugio o distracción. Hay muy poca música; prácticamente todo está sostenido por el sonido ambiente. Como en Zona de interés, el horror y la violencia están ahí: los escuchamos, pero casi no los vemos. La película entiende que aquello que queda fuera de campo puede ser mucho más perturbador que cualquier imagen explícita. Y cuando finalmente llega la escena final, estéticamente limpia y muda, el efecto es devastador.

Un apartado especial merece el elenco. Todos están soberbios, pero la dupla víctima-victimario es extraordinaria. Nicolás Zárate, que interpreta a Silva, queda en primer plano y consigue transmitir el conflicto interno del personaje sin quebrar nunca la inexpresividad de un militar de carrera, formado nada menos que en la Escuela de las Américas. Sallato juega permanentemente con el foco y el desenfoque, y muchas veces mantiene al protagonista de espaldas para expresar, respectivamente, las dudas de Silva y el peso de sus acciones. 

Y después está Marcial Tagle, como el coronel Mario Jahn, que le imprime a la película buena parte de su dimensión de thriller. Su presencia en escena es inquietante e imprevisible. No sabemos qué puede hacer ni hasta dónde puede llegar, porque tiene el poder de hacer lo que quiera. Es repulsivo, está furioso y, sobre todo, parece representar una violencia que no necesita explicarse porque ya está instalada y no tiene límites. 




Es interesante que dos grandes películas latinoamericanas hayan elegido el blanco y negro este año: primero Moscas, de Fernando Eimbcke, y ahora Hangar rojo. Pero, más allá de las coincidencias formales, hay algo particularmente potente en la película de Juan Pablo Sallato: su capacidad para convertir un episodio histórico en una experiencia física. Este primer largometraje de ficción del director —que tiene una trayectoria previa en televisión y también realizó un documental sobre la selección chilena de fútbol— integró la programación 2026 del BAFICI y tuvo su estreno mundial en la Berlinale.

Hay varios elementos que convierten a Hangar rojo en un acontecimiento. Su extraordinaria calidad visual, un elenco superlativo y, sobre todo, la decisión de contar una historia que no solemos ver: la memoria de quienes formaron parte de las Fuerzas Armadas durante las dictaduras latinoamericanas. No desde la épica ni desde la justificación o la demonización, sino desde el conflicto de un hombre que pertenece a una institución cuya violencia está a punto de transformar para siempre el país y que sus convicciones no le permiten hacer lo que se espera de él. 

“¿Qué se siente caer desde tan alto?”, le preguntan a Silva su superior y su subalterno. Él supo ser el mejor paracaidista del país, pero ahora está aplastado contra la tierra, bajo el peso de sus convicciones y del respeto por la institución que integra. Sabe que su lealtad está siendo evaluada a cada paso. 

Quizás por eso Hangar rojo resulta tan hipnótica. Porque convierte una noche que conocemos de memoria como un suceso histórico, pero le da una vuelta de tuerca y más que hacernos saber, nos hace sentir conteniendo la respiración. Y cuando finalmente lo peor sucede, la película no necesita levantar la voz. Ya nos tiene completamente atrapados.

 

Comentarios

Entradas populares