Teatro | Reseña de El Precipicio


 por Sabrina Alonso

El precipicio propone una reflexión íntima sobre la vejez y la muerte desde la perspectiva de dos mujeres, con un tono profundo, tierno y a su vez con humor.

La obra cuenta con dramaturgia y dirección de Sofía Wilhelmi, a partir de una versión libre de Un día fui yo, de Lucía Miranda y Miguel Cuerdo. La obra está protagonizada por Leonor Manso y Paloma Contreras, quienes construyen un vínculo de enorme intimidad en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín.

La historia pone en escena a dos mujeres de distintas generaciones frente a la vejez y la muerte, y plantea un contrapunto entre dos formas de aproximarse a la idea del final: una mujer mayor que desea seguir viviendo hasta el último momento, sin dejar de abrir posibilidades ni dejarse apagar, y otra mujer más joven que necesita ordenar su vida a través de la escritura, revisar sus vínculos y encontrarle un sentido a un cierre que, en su caso, todavía parece lejano. De este modo, el teatro, la escritura y el arte en general aparecen como un modo de resistencia ante el olvido y el sinsentido.

Pero la obra no se limita a hablar de la muerte. En ese encuentro entre ambas aparecen también las preguntas por lo que heredamos, lo que repetimos y aquello que todavía podemos transformar. El final de la vida se vuelve, así, una excusa para mirar el presente: qué hacemos con el tiempo que tenemos, con los vínculos que construimos y con las cosas que aún necesitamos decir.



Hay algo profundamente tierno en la relación de esta mujer con su propia vejez: ese lugar en el que, de algún modo, parece volverse más chiquita frente al mundo y, al mismo tiempo, conserva intactas las ganas de comérselo entero. Su cuerpo y su edad parecen imponerle límites que ella se resiste a aceptar. Porque, mientras la sociedad insiste en que a cierta edad hay puertas que ya no vale la pena abrir, ella todavía quiere asomarse, entrar, probar, desear. Y en esa contradicción aparece una de las dimensiones más conmovedoras de la obra: la posibilidad de seguir sintiendo curiosidad y deseo incluso cuando los demás empiezan a esperar que una se retire de la escena. 

El escenario construye un espacio de intimidad que adquiere la sensación de un territorio cotidiano, en el que sentimos estar espiando un momento privado entre dos personas que se conocen profundamente. 

El humor aparece como una herramienta fundamental para atravesar aquello que, en principio, resulta difícil de mirar de frente. La muerte no es presentada únicamente desde la solemnidad o la tristeza: también puede ser motivo de ironía, discusión, incomodidad y hasta de risa. Es justamente en esa convivencia entre lo doloroso y lo cotidiano donde la obra encuentra buena parte de su potencia.

Una obra recomendada para dejarse conmover, pero también para pasarla bien. El precipicio tiene humor, momentos que despiertan risas y una dinámica entre sus protagonistas que hace que el recorrido sea disfrutable. Pero, lejos de quedarse en un entretenimiento superficial, logra que esas risas convivan con preguntas y reflexiones de esas que una se lleva consigo cuando termina la función. 

FICHA TÉCNICA — EL PRECIPICIO

Dramaturgia y dirección: Sofía Wilhelmi
Versión libre de: Un día fui yo, de Lucía Miranda y Miguel Cuerdo
Elenco: Leonor Manso y Paloma Contreras
Diseño de escenografía: Ariel Vaccaro y Paola Delgado
Diseño de vestuario: Mariana Seropian
Diseño de iluminación: Facundo David
Música original y diseño sonoro: Carmen Baliero
Duración: 50 minutos
Sala: Sala Cunill Cabanellas – Teatro San Martín
Dirección: Av. Corrientes 1530, CABA
Funciones: jueves a domingos, 19:30 hs.


Comentarios

Entradas populares