Cine | Reseña de Resident Evil
Título original: Resident Evil. País: Estados Unidos. Año: 2026. Dirección: Zach Cregger. Guion: Zach Cregger y Shay Hatten. Basada en: la franquicia de videojuegos Resident Evil de Capcom. Elenco: Austin Abrams, Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser y Johnno Wilson. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Ryan Holladay y Hays Holladay Duración: 94 minutos. Género: Terror / Ciencia ficción. Distribuidora en Argentina: Sony Pictures.
por Nahuel Tesouro
Después de dos enormes éxitos dentro del género de terror, Barbarian y Weapons, Zach Cregger presenta ahora una adaptación sumamente libre de Resident Evil. Para arrancar por el elefante en la habitación: sí, hay menciones a Racoon City, a Umbrella Corporation y algunos elementos reconocibles, pero si algún purista absoluto de los videojuegos originales busca una adaptación fiel, no la va a encontrar acá.
Dejando eso de lado, el otro tema principal es el humor. Zach Cregger, quien originalmente realizaba películas de comedia, no es ajeno a mezclar este tono con el horror. Lo hizo en Barbarian (particularmente a través del personaje de Justin Long), lo aumentó con Weapons y acá ya se podría prácticamente declarar a Resident Evil como una comedia de humor negro.
Históricamente, esta mezcla ha funcionado en el género, pero siempre con algún propósito o justificación. En Resident Evil, ese humor a veces está justificado y otras no. Particularmente en momentos muy tensos que involucran a nuestro protagonista (una persona común y ordinaria en todos los sentidos), el humor resta seriedad y se siente como una salida fácil para no explorar los sentimientos que puede tener una persona común que no es Leon S. Kennedy, por ejemplo, al matar a un infectado, incluso cuando se trata de matar a infectados niños.
Esos momentos, lejos de llevar al protagonista a una mínima introspección, se resuelven con un chiste. Ese es uno de los puntos más flojos y discutibles de la cinta. Tomando en cuenta que uno de los puntos del largometraje es ver cómo sobreviviría una persona promedio en el mundo de Resident Evil, ese aspecto emocional está extremadamente ignorado y es esquivado con poca gracia.
Sin embargo, sí hay otros momentos en los que el humor funciona, sobre todo cuando se los pone en perspectiva con el final. Un cierre brillante (del cual no contaremos nada) que cambia el paradigma de toda la historia.
En cuanto al aspecto de la dirección, Cregger logra por momentos generar una sensación de videojuego mediante tracking shots y planos subjetivos, pero donde más lo consigue es en la estructura narrativa. El director siempre juega con las estructuras del guion y aquí concibe una historia en la que no hay un conflicto ni un obstáculo claro; por el contrario, presenta una estructura del estilo del stress cinema, popularizado por los hermanos Safdie en films como Uncut Gems y Good Time y, más recientemente, por Josh Safdie en solitario con Marty Supreme).
Esa forma narrativa favorece mucho la narrativa de Resident Evil. Aunque, a la vez, este elemento positivo muchas veces se nutre en esta cinta de jumpscares previsibles e innecesarios.
Así, lo nuevo de Cregger, como viene siendo costumbre con su filmografía de género, es algo que generará opiniones diversas. Cada aspecto positivo tiene su contraparte negativa. Queda en cada espectador decidir en cuál de esos dos aspectos reparará más.


Comentarios
Publicar un comentario