Cine | Festival de Cine Alemán | Reseña de Entiendo su descontento

Ficha técnica — Ich verstehe Ihren Unmut
Título internacional: I Understand Your Displeasure. Dirección: Kilian Armando Friedrich
Guion: Kilian Armando Friedrich, Tünde Sautier y Daniel Kunz. Elenco: Sabine Thalau, Nada Kosturin, Werner Posselt, Sadibou Diabang, Nigyar Velagic, Denislav Mihaylov y Thomas Sprekelsen. Fotografía: Louis Dickhaut y Frederik Seeberger. Montaje: Leila Keita y Kilian Armando Friedrich. Diseño de producción: Michelle Kleist y Florian Ufer. Vestuario: Marlene Jordan
Diseño sonoro: Andrew Mottl. Producción: WennDann Film GmbH, en coproducción con ZDF / Das kleine Fernsehspiel y colaboración con HFF München. País: Alemania. Año: 2026. Duración: 93 minutos. Género: Drama

por Nadia Yannuzzi

Kilian Armando Friedrich es un cineasta muy joven y Entiendo tu descontento es su primer largometraje. Ya había dirigido algunos cortos y codirigido el documental Nuclear Nomads junto con Tizian Stromp Zargari. En todos ellos aborda las temáticas de los bordes del sistema, historias de personas cuyas vidas están marcadas por las asimetrías sociales, en un tono que zigzaguea entre la ficción y el documental.

Heinke es la protagonista del film y está completamente desbordada. Tiene 59 años y ocupa un lugar incómodo: es un mando intermedio en una empresa de limpieza y tiene que mediar entre los empleados -muchos de ellos migrantes y en situaciones precarias-, los clientes y el dueño de la compañía. 

Los actores no son profesionales: los personajes están interpretados por trabajadores del servicio de limpieza, que realmente se desenvuelven con mucha naturalidad frente a cámara. Este recurso imprime realismo y fue bastante utilizado en producciones que llegaron a los cines este año, como Tierra de maldad o La vida es así. Más acá en el mapa, podemos pensar en el trabajo de la directora Lola Arias, que utiliza un procedimiento similar en sus obras.

Hay una frase, supuestamente atribuida a Stalin: “La burocracia es el precio de la imparcialidad”. Heinke entiende los reclamos y las situaciones de los empleados -de allí el nombre del film-, pero al mismo tiempo tiene que hacer cumplir las normativas de la empresa y las leyes laborales. Los trabajadores la respetan y, a la vez, desconfían de ella; es una par, pero también es la representante de la compañía.



La película es asfixiante. Los planos son cortos y cerrados, la cámara se mueve siguiendo a Heinke. El lenguaje cinematográfico es excelente: por ejemplo, ella aparece casi siempre de espaldas, con el chaleco que lleva el logo de la compañía. Su trabajo es pesado, tiene una enorme responsabilidad sobre sus hombros y nunca termina. Cubre a empleados que no pueden ir a trabajar, atiende llamados de clientes mientras maneja, el celular suena a cualquier hora.

Hasta que un día se saca el chaleco, real y simbólicamente. Al final, quienes parecían amigos no lo son y todo se da vuelta, no sin reproches ni resistencias. 

El vínculo con el cine de Ken Loach es interesante: las temáticas se repiten, como los trabajadores enfrentados a situaciones que los llevan a cuestionarse sus propias creencias, el retrato de las injusticias del sistema, los migrantes y la toma de conciencia de las contradicciones.

Pero Friedrich, por su forma de retratar esta realidad, logra construir una identidad propia en una película incómoda, de esas que nos hacen movernos en la butaca. No diría esas frases cliché de “nos deja una enseñanza” o “es una fuerte crítica social” (que es cierto). Más bien, la película nos golpea con violencia, como cuando de golpe se prende la luz en una sala oscura. Y cuando salgas, vas a pensar dos veces antes de llamar, presa de la indignación, a una compañía de servicios.


 

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