Cine | Reseña de El Heladero
por Mariana Parodi
El heladero: dulce sabor a muerte comienza con la llegada de un misterioso camión de helados a un pequeño pueblo. Los niños que prueban sus productos empiezan a comportarse de manera violenta y a atacar a los adultos. Pronto actúan como un enjambre y buscan incorporar también a aquellos chicos que todavía no han comido el helado.
Dirigida por Eli Roth, la película deja una mala impresión prácticamente desde los títulos iniciales. La factura visual resulta pobre y esa sensación se mantiene durante todo el metraje. Cuesta entenderla como una propuesta destinada a la pantalla grande; por momentos parece una producción de muy bajo presupuesto realizada directamente para internet.
Las actuaciones tampoco consiguen levantar el material y los personajes tienen muy poco desarrollo. La idea de un grupo de niños transformados en asesinos podría haber funcionado desde el absurdo, pero la película insiste una y otra vez sobre el mismo recurso sin encontrar demasiado para agregar.
Aunque se presenta como una película de terror, el miedo prácticamente no aparece. El heladero está mucho más cerca de la comedia gore, con muertes explícitas, sangre y violencia llevadas al extremo. Definitivamente no es una película apta para estómagos sensibles.
Hay algún momento gracioso y ciertas situaciones pueden funcionar por lo disparatadas que son, pero no alcanza para sostener la película. Una vez presentada la idea central, todo se vuelve bastante repetitivo y el impacto inicial desaparece rápidamente.
El heladero tenía una premisa que podía prestarse para una película absurda y divertida. El resultado, sin embargo, ofrece poco terror, un humor que funciona de manera muy ocasional y una acumulación de gore que termina siendo su principal atractivo. Quienes disfruten especialmente de ese tipo de cine quizás encuentren algo para rescatar. Fuera de ese público, hay muy poco a lo que aferrarse.
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