Cine | Reseña de Alphaville (Reestreno)

País: Francia. Año: 1965. Dirección y guion: Jean-Luc Godard. Elenco: Eddie Constantine, Anna Karina, Akim Tamiroff. Música: Paul Misraki. Fotografía: Raoul Coutard. Montaje: Agnes Guillemot. Duración: 99 minutos. Distribuidora: Zeta Films. 






por Victoria Hirsch


En 1965, el revolucionario director Jean-Luc Godard (en pleno auge del movimiento Nouvelle Vague que él mismo se encargó de encabezar) consigue los derechos para hacer una película de Lemmy Caution, un icónico personaje regular del cine francés que intentaba imitar el éxito de James Bond y el cine noir. En este contexto, Godard intenta revertir las expectativas del personaje y realiza un filme experimental que borra los límites entre el cine de autor y el cine comercial. La película sigue al detective Caution cuando este es enviado desde el primer mundo a Alphaville, una ciudad del otro lado de la Cortina de Hierro, controlada por una computadora que elimina todo aquello con lo que no coincide, entre las cuales se encuentra la palabra “Amar”.

Lo más interesante de Alphaville es precisamente esa fusión de géneros y sensibilidades aparentemente incompatibles. Godard toma la estructura de una película policial y la utiliza para construir una reflexión filosófica sobre el lenguaje, la lógica, la libertad individual y los peligros del pensamiento totalitario. La decisión de filmar una ciudad futurista utilizando locaciones contemporáneas, propone una visión de un mundo distópico que, a su entender, ya existe, a la vez que comenta sobre los miedos propios de la época en los que está hecha la película: la tecnología al poder, el acecho del comunismo, los totalitarismos incipientes. Miedos que el propio Godard no expresa, sino critica en su película, poniendo en evidencia el discurso hegemónico del momento. Sorprende lo vigentes que siguen siendo varios de los elementos que expone.



Sin embargo, la película también presenta obstáculos que pueden dificultar la experiencia para algunos espectadores. Su narrativa es deliberadamente fragmentada y muchas veces prioriza las ideas por encima de la claridad argumental, lo que puede volverla confusa o distante. Los diálogos suelen ser densos y cargados de simbolismo, mientras que el ritmo avanza de manera irregular, alternando momentos fascinantes con otros que pueden sentirse excesivamente abstractos. Quienes busquen una película de ciencia ficción convencional o una aventura detectivesca al estilo de las historias originales de Lemmy Caution probablemente se encuentren con una propuesta muy distinta a sus expectativas. De todas formas, resulta evidente que Godard realiza esto de forma deliberada para espantar o apartar a los espectadores que no deseen conectar con la experiencia de una manera más analítica.

En conclusión, Alphaville se destaca por utilizar las convenciones de las películas de detectives, espionaje y ciencia ficción para cuestionarlas desde adentro. Godard toma a Lemmy Caution, un personaje asociado a una visión del mundo propia de la Guerra Fría y alineada con la ideología hegemónica occidental, y lo coloca en una historia que expone y problematiza muchos de los supuestos que este tipo de relatos suelen dar por sentados. De esta manera, la película funciona tanto como una obra de ciencia ficción experimental como una parodia del cine comercial, utilizando sus códigos para señalar las contradicciones ideológicas que normalmente pasan desapercibidas. El resultado es una película desafiante y provocadora que demuestra cómo incluso los géneros más comerciales pueden convertirse en herramientas para la crítica política y cultural.

 

 



Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares