Cine | Reseña de La noche está marchándose ya
por Nadia Yannuzzi
Hay películas buenas, otras memorables y una tercera categoría: aquellas que nos dejan una huella profunda y cuyo recuerdo puede asaltarnos en cualquier momento para volver a emocionarnos. A esta última categoría pertenece La noche está marchándose ya. Pocas veces salí del cine con la sensación de haber atravesado una experiencia estética tan sublime como la que me dejó la proyección de este film maravilloso.
El jefe come un sándwich de miga tras otro mientras les explica a los dos proyectoristas del cineclub que la municipalidad impone recortes y que tiene que echar a uno de ellos. El otro puede reconvertirse en guardia de seguridad del turno noche, pero él no puede —ni quiere— hacerse cargo de esa decisión. Se va dejando la resolución en manos de Pelu y su compañero, que deciden con piedra, papel o tijera quién sigue proyectando.
Pelu, interpretado por Octavio Bertone, se convierte en guardia de seguridad nocturno y una galería de personajes variopintos lo acompaña en ese descenso a la precariedad. El cine se vuelve un refugio, pero no en sentido metafórico: todos encuentran allí un lugar de cobijo, en la sala vacía. Y lejos de los golpes bajos, esta pandilla de caídos del sistema se hermana, comparte, canta, ríe e incluso ama y desea. El personaje más entrañable es Vale, amiga de Pelu (interpretada por Juana Oviedo), que produce contenido para OnlyFans usando la sala vacía porque, según dice, “la sala de cine da morbo”.
La película está filmada en blanco y negro y rebosa de referencias a la historia del cine; las películas están ahí de manera permanente. Hay, en particular, un pequeño guiño delicioso: Pelu, ladrón ético, roba de la biblioteca algunos libros repetidos para venderlos en una librería de segunda mano. Entre ellos aparece Generaciones 60/90, editado por Fernando Martín Peña y el equipo de la revista Film, un auténtico santo grial cinéfilo para muchos de nosotros.
La noche está marchándose ya es una película extraordinaria, en el sentido literal del término: una producción que se sale de lo común. Dirigida por la dupla Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, realizada en Córdoba y sin apoyo del INCAA —cuya situación escandalosa ya ni vale la pena detallar para no perder el foco—, el film demuestra el arte potente y sensible que puede surgir incluso cuando todo está en crisis.
La universalidad de las historias que atraviesan a sus personajes —la precariedad laboral, la fantasía de ganar miles de dólares produciendo contenido para redes sociales— ayuda a explicar el recorrido internacional que viene teniendo la película: en 2025 Salinas y Sonzini obtuvieron el premio a la mejor dirección en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (España) y el de mejor film internacional en el Doclisboa International Film Festival (Portugal) y en 2026 el Gran Premio en la Competencia Internacional del Jeonju International Film Festival (Corea del Sur). Llama la atención que no haya sido programada en ningún festival de la capital. Sin embargo, durante junio habrá proyecciones en el MALBA y en la Sala Leopoldo Lugones.
La escena final, con un grafiti llamativo en primer plano, es sencillamente inolvidable. Hay que amar mucho al cine para hacer una película tan bella.
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