Cine | Reseña de Los Colores del Tiempo

Título original: Le venue de l’avenir. País: Francia. Año: 2025. Dirección: Cédric Klapisch. Guion: Cédric Klapisch y Santiago Amigorena.  Elenco: Suzanne Lindon, Abraham Wapler, Vincent Macaigne y Julia Platon. Fotografía: Alexis Kavyrchine. Música: Robin Couder. Duración: 124 minutos. Distribuidora: Mirada Distribution.






por Pablo Kulcar


París, 2025. Unas treinta personas de una misma familia se enteran de que van a heredar una casa que estuvo abandonada durante años. Cuatro de ellos reciben el encargo de ir a hacer el inventario y ver en qué estado está el lugar. En esa vieja casona, descubren tesoros ocultos que los pondrán tras la pista de una misteriosa antepasada llamada Adèle, quien dejó su Normandía natal a los 20 años. 

La historia de Adèle se remonta al París del siglo XIX, una ciudad en plena revolución industrial y cultural, justo cuando se inventaba la fotografía y nacía el impresionismo. La película propone un juego histórico temporal y generacional. La historia nace desde una serie de fotos y una pintura en una casa abandonada. El interés de la comuna por hacer un emprendimiento, rastrea a los posibles herederos y les permite entrar e inventariar las cosas que allí se encuentran. Descubrir los lazos que tienen entre sí, es investigar un pasado que hasta ese momento era inexistente, para estos 4 nuevos primos seleccionados entre 30 herederos.Los cuatro tendrán cada uno un descubrimiento que los marcará.

La representación de época nos muestra a una joven buscando a su madre en un París que está entrando en la modernidad. Ella viene de la campiña y su timidez es producto de la distancias culturales que siente con aquellos que conoce en su viaje. Dos muchachos se le acercan, uno pintor y otro fotógrafo. Entre ellos hay un juego aspiracional, apostando al triunfo de cada una de sus capacidades artísticas.Una época donde las cosas todavía son artesanales y eso está puntualmente marcado. La ciudad alberga a los artistas creativos y a los poderosos. Adele, se refugia en donde los jóvenes residen ya que no tiene otra alternativa. Ella aspira a conocer a su madre y aprender a leer y escribir para cartearse con el novio que dejó en esa campiña francesa.

La trama se desarrolla en realidades paralelas con saltos en el tiempo. La historia se construye con momentos del pasado que actúan de rastros y construyen la actualidad. Los distintos tiempos están atados por sus protagonistas. El pasado en las fotos, cartas y un cuadro, son enigmas que despiertan interés. Los representantes de los familiares irán construyendo un vínculo e irán tejiendo una profunda relación con esas historias que desconocían.



La película presenta secuencias que se suceden desde una historia como la de Adele y tienen una continuación inmediata en la otra realidad. El juego es muy atractivo cuando los primos leen una carta y la película salta, según el relato, a los precisos  momentos en los que era escrita. El pasado tiene el encanto de una ambientación perfecta, algo de inocencia en aquellos descubrimientos, como la sorpresa ante las fotos o las nuevas luces en las avenidas, nos dicen de lo importante que fueron esos cambios. 

Adele encuentra a su madre y aprende a leer y escribir, los dos artistas logran desarrollar sus capacidades, todos ganan algo en aquella París con su energía puesta mayormente en el arte. 

Este ida y vuelta reivindica acciones de un tiempo anterior que muchas veces son olvidadas, pero van construyendo las costumbres y los saberes populares de cada tiempo. Es un filme que se disfruta de a poco, que es sensible y costumbrista. Contiene marcas que nos hablan del arraigo y la pertenencia. Hay hechos que se concretan y algunas cicatrices que se superan. 

Una historia donde el arte es uno de sus ejes, la pintura y la fotografía tienen un reconocimiento y un tono sensible y transparente.Toda la película tiene la claridad de un cuento con final feliz. Un grupo de nuevos familiares decide dar valor a partes de su historia colectiva. Un árbol genealógico final nos recuerda que todos somos un eslabón de algún principio lejano y hacemos muchas cosas atadas a ese misterioso lugar. 


 

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