Cine | Reseña de Hotline

País: Argentina. Año: 2025. Dirección: Lucas Nicotti. Guion: Lucas Nicotti y Paula Manzone. Elenco: Magui Bravi, Demian Salomón, María Eugenia Rigon, Pablo Pinto, Germán Baudino. Fotografía: Facundo Nuble. Música: Marcelo Bórmida. Duración: 90 minutos. Distribuidora: Black Mandala Films. 






por Erik Mukowoz


El cine de terror argentino atraviesa uno de sus mejores momentos. Durante los últimos años hemos visto cómo cada vez más realizadores se animan a explorar el género desde perspectivas propias, alejándose de las fórmulas tradicionales para construir historias con identidad local. En ese contexto llega "Hotline", el nuevo largometraje dirigido por Lucas Nicotti, una propuesta que combina thriller, horror psicológico y reconstrucción de época para sumergir al espectador en una historia marcada por el misterio, la paranoia y el miedo. 

Ambientada en la Buenos Aires de finales de los años ochenta, la película sigue a Malena (Maggie Bravi), una mujer que durante las noches trabaja como bailarina en un cabaret, mientras que de día atiende una línea telefónica erótica. Su rutina transcurre con relativa normalidad hasta que comienza a recibir llamadas de un hombre que asegura ser el responsable de una serie de asesinatos.

Uno de los mayores aciertos es la ubicación de la historia en los años ochenta, no funciona únicamente como un elemento estético. En una época donde la tecnología era limitada y las comunicaciones dependían casi exclusivamente del teléfono fijo, los personajes deben enfrentarse al peligro sin las facilidades que hoy resultan cotidianas. Esa sensación de aislamiento potencia constantemente la tensión y convierte cada llamada en una amenaza potencial. 

Lucas Nicotti demuestra un notable control sobre el suspenso, construyendo una narración que mantiene el interés a medida que la protagonista intenta descubrir quién se encuentra detrás de las llamadas. La película apuesta más por la inquietud y la tensión psicológica que por los sobresaltos fáciles, permitiendo que el espectador acompañe el creciente deterioro emocional de Malena mientras la situación se vuelve cada vez más peligrosa. 



Gran parte del argumento recae sobre los hombros de Maggie Bravi, que continúa consolidando su vínculo con el cine de género y entrega una interpretación que logra transmitir tanto la fortaleza como las vulnerabilidades del personaje. Malena carga con conflictos internos, frustraciones y una evidente sensación de insatisfacción, todo eso le aportan profundidad. Consigue sostener el relato de principio a fin, convirtiéndose en el eje de la película. 

El reparto que la acompaña también realiza un trabajo sólido. Demian Salomón, reconocido por su participación en "Cuando acecha la maldad", vuelve a demostrar por qué se ha convertido en uno de los rostros más identificables del terror argentino contemporáneo. Por su parte, María Eugenia Rigón, a quien vimos recientemente en "1978", aporta una presencia que complementa con el personaje de Bravi. Lo mismo puede decirse de Germán Baudino, Pablo Pinto, Ezequiel Rodríguez, Agustín Olcese y Lucila Gandolfo, quienes aprovechan sus apariciones para enriquecer el universo de la película y aportar credibilidad a cada una de sus escenas.

A nivel técnico, también encuentra varios puntos destacados. La recreación de época resulta convincente y contribuye a reforzar la inmersión del espectador. La fotografía aprovecha los contrastes entre luces y sombras para potenciar el suspenso, mientras que el diseño sonoro adquiere una relevancia especial dentro de una historia donde el teléfono se convierte en un personaje más. Gracias a su ambientación, a la construcción de su protagonista y su atmósfera, logra mantener la tensión durante gran parte de su duración. Demostrando que todavía existen maneras interesantes de abordar este género en la actualidad. 

"Hotline" se suma así a una etapa particularmente interesante para el cine de terror nacional. Una industria que durante años luchó por encontrar espacios para el género hoy cuenta con una nueva generación de realizadores, actores y productores dispuestos a seguir explorando sus posibilidades. La película de Lucas Nicotti es una muestra más de ese crecimiento y una prueba de que el terror argentino continúa expandiéndose, encontrando nuevas voces y nuevas historias para contar.


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