Teatro | Reseña de No tiene un desgarrón
por Mariana Parodi
No tiene un desgarrón parte de Heldenplatz, el célebre texto del dramaturgo austríaco Thomas Bernhard, pero encuentra una identidad propia a partir de la decisión de adaptación. En el original, la señora Zittel y Herta, las empleadas domésticas de la familia Schuster, ocupan casi en exclusiva el primer acto, funcionando como una puerta de entrada al universo del profesor y al clima de tragedia que rodea su reciente suicidio. Sin embargo, los actos posteriores desplazan la acción hacia los familiares directos y los intelectuales que orbitan alrededor de su figura. No tiene un desgarrón decide permanecer en ese umbral y construir toda su dramaturgia desde la mirada de estas dos mujeres.
La historia nos encierra en un piso en Viena marcado por la ausencia. Mientras preparan las valijas para una partida sin retorno y ordenan las pertenencias del difunto, los recuerdos, los resentimientos y las heridas acumuladas comienzan a emerger. La tragedia se filtra a través de conversaciones aparentemente cotidianas y pequeños detalles que revelan el peso de una vida atravesada por este profesor que ha muerto.
El montaje se sostiene en la sobriedad escénica, sin colores claros. No hacen falta artificios cuando el texto posee semejante densidad dramática y la iluminación acompaña con precisión cada cambio de clima. La dirección de Rita Cortese demuestra un oficio notable para dosificar la tensión, evitando los estallidos previsibles y apostando por una incomodidad persistente que crece de manera orgánica.
En el centro de esta tormenta contenida, el duelo actoral de Julieta Cardinali y Vera Spinetta resulta formidable. Cardinali compone un personaje rígido y controlado, mientras que Spinetta aporta una vulnerabilidad punzante que encuentra en ese contrapunto la mayor fortaleza de la obra. La química entre ambas nace precisamente de ese contraste y de la capacidad para sostener silencios y expresiones sin perder intensidad dramática.Pero quizás uno de los aspectos más ricos de la propuesta sea la forma en que dialoga con el presente. Aunque la acción transcurre en otro tiempo y en otro contexto geográfico, las resonancias con la actualidad resultan inevitables. La sensación de asfixia social, la intolerancia frente al pensamiento crítico y el desgaste que producen los discursos de odio encuentran ecos inquietantes en nuestro propio presente.
También el recordatorio de que el arte sigue siendo una herramienta para resistir, reflexionar y construir comunidad. En una obra atravesada por la crítica y la incomodidad, el teatro y la música (dirán la señora Zittel y Herta) no aparecen como consuelo sino como una forma de resistencia frente a las crisis que, más allá de las épocas y las fronteras, parecen repetirse.
No tiene un desgarrón es, ante todo, teatro de actrices en estado puro. Un drama sobrio y crudo que demuestra cómo una adaptación puede encontrar nuevos matices en un clásico sin perder la potencia de su origen. Una obra que permanece resonando mucho después del aplauso final.
No tiene un desgarrón se presenta los viernes a las 20hs en Dumont 4040 (Santos Dumont 4040, CABA) Entradas por Alternativa Teatral.
Ficha técnico artística
Adaptación: Rita Cortese
Actúan: Julieta Cardinali, Vera Spinetta
Vestuario: Mónica Toschi
Escenografía: Diego Méndez Casariego
Iluminación: Iván Gierasinchuk
Peinados: Ricardo Molina
Maquillaje: Valeria Brédice
Redes Sociales: Juan Manuel Ferraresi
Diseño gráfico: Maximiliano Anselmo
Asistencia de escenografía: Ana Agustina Gobbi
Asistencia De Producción: Juan Manuel Ferraresi
Asistencia de dirección: Carolina Santos
Prensa: Esedobleve, Silvana Waisberg
Producción ejecutiva: Julieta Cardinali, Rita Cortese
Producción: Carolina Santos
Dirección: Rita Cortese
Duración: 60 minutos


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