Cine | Reseña de Sin Ley
por Pablo Kulcar
Un sargento de la policía investiga una red de corrupción interna y son los cómplices de la mafia rusa quienes asesinan a su mujer. Nada sale como esperaban y el sargento finalmente pide la baja. Se dedica entonces a entrenar boxeadores amateurs y a competir en circuitos donde las apuestas son lo más importante. Sus pupilos son hombres y mujeres.
Hasta allí llega su ex superior para pedirle ayuda y poder atrapar a un ruso que vienen siguiendo y que apuesta fuerte en estos circuitos. El expolicía es reacio, pero los hechos le jugarán una trampa que no podrá esquivar. El secuestro de su hija lo obliga a un momentáneo retorno, por fuera de la fuerza y de la ley, a su lucha contra quienes asesinaron a su mujer.
Una película que no aspira a más que a contar una pequeña historia y darle un toque personal con la elección de cada personaje. Allí hay una exposición física que está perfectamente en línea con lo que su dirección marca. Las escenas hacen gala de esto y, aunque son pocas las que expresan violencia explícita, tienen la dosis necesaria que un policial exige.
Hay un tratamiento casi casero de todos los escenarios, generalmente en interiores, adaptados a las necesidades de la situación. La luz es la encargada de alimentar la fantasía y logra construir varios mundos diferentes dentro de una historia que así lo exige.
Un policial donde el fuerte es la identidad que aportan sus actores. Hay un buen tratamiento de los recursos para que la película logre su meta. La lucha de los buenos contra los malos encuentra aquí un recorrido con varios escollos y un final impredecible.
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