Cine | Reseña de Una quinta en Portugal


Título Original: Una quinta portuguesa. País: España. Año: 2025. Dirección y guion: Avelina Prat. Elenco: Manolo Solo, María de Medeiros y Branka Katic. Música: Vincent Barriére. Fotografía: Santiago Racaj. Montaje: Juliana Montañés. Distribuidora: Mirada Distribution. Duración: 109 minutos. 





por Nadia Yannuzzi



Fernando, un cartógrafo y profesor universitario muy taciturno, es abandonado misteriosamente por su mujer. Un día, Milena vuelve a Serbia sin dar explicaciones y él queda solo y desconcertado. Frente al límite de lo que es posible hacer ante su partida, decide no buscar a quien no quiere ser buscado. 

Se toma unos días de vacaciones en Portugal y una cadena de acontecimientos lo llevará a aceptar un trabajo como jardinero en, como se imaginarán por el título, una quinta manejada ni más ni menos que por María de Medeiros. En la Quinta de los Almendros Blancos viven su dueña, Amalia, y Rita, su empleada, que está a punto de ser madre. 

Los años pasan y los tres terminarán conformando una familia, orbitándose en sus soledades, sus manías y sus afectos.

Con el póster y el título, uno podría pensar que esta es una película romántica al estilo Netflix o de Telefe un sábado a la tarde. Pero nada más errado (si no se juzga un libro por su portada, entonces no se juzga una película por su póster). Una quinta en Portugal aborda temas como el exilio, las migraciones, la empatía y la manera en que, aunque no queramos, la vida puede cambiarnos en un instante. 

La desaparición de su esposa deja a Fernando aturdido frente a la certeza de que, en realidad, no la conocía tanto como creía. Hay preguntas que le hace la policía que él no puede responder. Y, sin embargo, su ausencia provoca un derrumbe en esa vida ordenada y previsible que lo lleva a empezar de nuevo, incluso con otra identidad.



No puedo ser objetiva con María de Medeiros: considero que es una de las mejores actrices del mundo. Su versatilidad, la cantidad de idiomas que habla, la expresividad de sus ojos y su expresión enigmática la elevan a esa categoría. Quizá la recuerdes por Pulp Fiction, quizá por Henry y June o, como yo, por Pollo con ciruelas, de Marjane Satrapi. A los 60 años está espléndida y luce una colección de cardigans más que envidiable. 

Manolo Solo, que interpreta a Fernando, está excelente en el rol, y ver la transformación de su personaje es maravilloso. 

Otro aspecto maravilloso de la película es la locación y la manera en que los cambios de la naturaleza van acompañando los estados de ánimo de los personajes. Las casi dos horas de duración no se sienten: de a poco, nos va envolviendo el ritmo tranquilo y pausado de la narración, hasta que terminamos habitando ese mundo junto con sus personajes.

Una quinta en Portugal es el segundo largometraje de la directora española Avelina Prat y ha cosechado varias nominaciones en el circuito europeo de premios. En su película anterior, Vasil, también aborda el tema del exilio y los vínculos de afecto que surgen de manera inesperada.

Hay películas que, de una forma sutil, se meten con temas de enorme actualidad y no necesariamente cómodos, como las migraciones, y con problemas tan extendidos como la soledad. Esta película pertenece a esa categoría. Es entretenida, graciosa y estéticamente bella, sí, pero también tiene algo más: cuando termina, algunas de sus preguntas se quedan con nosotros. 

No hace falta que una película levante la voz para decir algo importante. A veces alcanza con observar cómo unas personas solitarias se encuentran, cómo construyen vínculos casi sin darse cuenta y cómo, en medio de una vida que parecía detenida, vuelve a aparecer la posibilidad de empezar de nuevo. Quizás ahí, justamente, esté la verdadera fuerza de lo sutil.


Comentarios

Entradas populares