Cine | Reseña de Los Nadadores

País: Argentina. Año: 2026. Dirección y guion: Sol Iglesias SK. Elenco: Joaquín Fretes, Tobías Reizes, Sol Iglesias SK. Valentina D'Emilio y Iván Ursul. Fotografía: Sofía Lizzoli. Montaje: Florencia Gómez Garcia. Música: Francisco Loria y Pablo Mondragon. Duración: 76 minutos. 






por Victoria Hirsch


Una Buenos Aires contemporánea es acechada por un verano eterno. Un grupo de jóvenes deambula por una ciudad vacía buscando refugio del sol, saltando de pileta en pileta entre las medianeras de un barrio abandonado. La directora, guionista y protagonista, Sol Iglesias SK, expone los miedos y preocupaciones de una generación que creció bajo el acecho del cambio climático.

Uno de los aspectos más destacables de la película es su estética cuidada. La puesta en escena es prolijamente desprolija, deliberadamente encuentra en esa imperfección una forma de acompañar el estado de sus personajes. Hay una atención evidente sobre los espacios, la fotografía y la manera de retratar una Buenos Aires extrañamente vacía, que contribuye a construir esa sensación de aislamiento y agotamiento. La película consigue así una identidad visual propia, incluso cuando sus recursos son limitados.



El problema aparece cuando la película comienza a regodearse demasiado en aquello que cree que realmente es. La supuesta representación de una juventud argentina termina reduciéndose, en gran medida, a una juventud porteña de clase media-alta. Los piercings, tatuajes y cortes de pelo funcionan como marcas superficiales de una identidad que la película intenta presentar como radicalmente diferente a la de aquellos que habitan las casas que los protagonistas invaden o a la gente de la fiesta a la que se cuelan. Sin embargo, ese supuesto “ellos vs. nosotros” nunca termina de construirse como una verdadera oposición: queda apenas en un intento. Las diferencias que el relato busca remarcar se sienten demasiado pequeñas frente a las similitudes que comparten, y la película parece más interesada en señalar esa distancia que en demostrarla realmente.

La película intenta pararse sobre los hombros de Lucrecia Martel y La ciénaga, pero le falta aquello que hacía que aquella película realmente suscitara algo en el espectador: esa sensación de estar sumergido en el agua verde y estancada de una sociedad podrida. Hay elementos, ideas y atisbos que permiten vislumbrar un posible futuro prometedor para Sol Iglesias SK y el equipo, especialmente en su manejo de la atmósfera y la construcción visual. Sin embargo, todavía falta encontrar una mirada capaz de transformar esas preocupaciones generacionales en algo que trascienda la superficie y realmente incomode.


 

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