Cine | Semana de Cine Italiano | Reseña de Tre Ciotole (Tres Adioses)
por Nadia Yannuzzi
Tengo un medidor de calidad muy subjetivo: una película es muy buena cuando no miro el reloj ni una sola vez. Tres adioses es uno de esos casos extraños. Una pareja discute por una nimiedad y, rápidamente, todo se desmorona. Esas pequeñas cosas que molestan del otro se vuelven intolerables y Antonio deja la casa que comparte con Marta, una profesora de gimnasia de escuela secundaria bastante introvertida.
Ella queda desconcertada, pero sigue con
su vida sin hacerse demasiadas preguntas ni cuestionar la decisión de Antonio.
Obligada por su hermana, va a la consulta de una gastroenteróloga porque lo que
parecía ser una reacción emocional a la separación, en realidad, es algo más
serio. Ante esto, Marta reacciona: se despierta y se abre al mundo. No se
asusten, no se trata de una mala copia de Comer, rezar, amar. Hay
algunas decisiones de montaje cuestionables que parecen salidas de esos memes
de “la esposa que muere al principio de la película”, pero el guion logra
sortearlas con éxito.
Tres adioses
nos recuerda que el cambio sucede, pero no necesariamente al ritmo que los
demás esperan de nosotros. Incluso cuando las cosas que enfrentamos son muy
pesadas, siempre existe la posibilidad de sacar el mejor partido posible de
aquello que nos toca vivir. Quizás la película peque de optimista, quizás
incluso nos deje pensando más de la cuenta, pero estamos ante un film
bellísimo, con una estética tan cuidada como la que Isabel Coixet ya nos acostumbró a esperar.
Roma es una ciudad claramente fotogénica
y grandes nombres del cine la retrataron hasta el cansancio, pero la mirada de
Coixet es única: sigue encontrando belleza donde otros ya hicieron miles de
tomas. Los pequeños guiños a Nanni Moretti hacen que la ciudad sea todavía más
hermosa. Incluso hay un cameo del cine de Moretti, el Nuovo Sacher.
Alba Rohrwacher, actriz del universo
morettiano, está soberbia interpretando a Marta, al igual que Elio Germano como
Antonio. La versatilidad de Germano es admirable: todavía lo recuerdo
irreconocible como el dirigente de izquierda Enrico Berlinguer en La gran
ambición (2024). Todo el elenco está a la altura y, sin necesidad de caer
en el histrionismo, logra conmovernos. Solo voy a dejar una pista: el funeral
de la paloma. Mención especial para Sarita Choudhury como la gastroenteróloga,
que consigue convertir incluso las conversaciones médicas en momentos cargados
de humanidad.
Isabel Coixet es una de las cineastas
contemporáneas más importantes y, con más de treinta producciones en su haber,
no necesita demasiada presentación. Es impresionante cómo consigue captar y
plasmar con éxito realidades tan diversas como un pueblo inglés de los años 60
en La librería, la Nueva York contemporánea en Aprendiendo a conducir
o Japón en Mapa de los sonidos de Tokio. En cada caso hay una
sensibilidad particular, una forma de observar a sus personajes que parece
encontrar intimidad incluso en los lugares más transitados. Esta última
producción tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto de 2025.
El título original de la película es Tres
tazones y refiere a una escena trivial, que casi podría pasar
completamente desapercibida. Sin embargo, ahí está quizás una de las claves de
la película: aquello que parece insignificante puede terminar adquiriendo un
peso enorme. Una discusión aparentemente menor puede romper una vida; una
enfermedad puede obligarnos a experimentar cosas nuevas; una ciudad que
creíamos conocer puede revelarnos otra cara. Y quizás también nosotros podamos
cambiar de esa manera: casi sin darnos cuenta, a partir de pequeñas cosas o
inesperadas. Como hablar con una gigantografía de un ídolo del K-pop.
Al final, Tres adioses no habla
tanto de despedirse de alguien como de despedirse de una versión de nosotros
mismos.


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