Reseña | Teatro | El corazón del mundo
Lo que la pandemia no mató
Por Gustavo Noriega
Los aforos han quedado muy atrás en el tiempo… y una obra estrenada antes de la cuarentena, se reversionó bajo la misma dirección (Lautaro Delgado Tymruk), pero convertida en unipersonal a cargo de Guillermo Angelelli (las demás figuras son proyecciones). Se trata de El corazón del mundo de Santiago Loza.
Un transeúnte recibe un golpe casi mortal en medio de la noche. A partir de ese momento un sinnúmero de imágenes fantasmáticas interactuarán con él. El escenario estará casi vacío, las luces son tenues y casi todo está en penumbras. De vez en cuando hay efectos sonoros sutiles, como campanillas de templo; o interferencias. Y es que la puesta en escena utiliza un dispositivo con proyecciones basadas en el efecto Pepper Ghost, especie de magia del siglo XIX que crea la ilusión de presencias vaporosas mediante imágenes difuminadas.
Las imágenes espectrales están encarnadas por más de cuarenta actores y actrices; entre ellos, Gabo Correa y Diego Gentile.
Por sus rasgos místicos y existenciales (un hombre que es a la vez todos los hombres) recuerda al film “Las alas del deseo” (W. Wenders) y a ese momento antes de morir, en que un ángel puede captar los recuerdos que acuden a la mente de quien agoniza. Pero también en calles, edificios y bares nocturnos, puede oír pensamientos desolados, algo entremezclados, pertenecientes a personas de toda clase; como si fuera una antena que oye el rumor de una infinidad de frecuencias radiales. El realizador alemán muestra una Berlín globalizada, donde el individualismo y la fragmentación social lo cubre todo, y propone recordar lo esencial: el amor y la solidaridad. La soledad, la falta de compañerismo y la desesperanza son los sentimientos predominantes; que emparentan a ambas obras. En la película el ángel dice “soy un ser de luz, pero envidio la fragilidad de los humanos."
Las escenas que requieren un gran trabajo de sincronicidad por parte de Angelelli, son cortas y autoconclusivas, con un tiempo y espacio manipulados y una narración condensada. Todos rasgos cinematográficos que dan dinamismo al periplo.
En “El corazón…” vemos tragedias y momentos insignificantes; encuentros y separaciones; muertes… todo a un mismo nivel y volátil: Desde Buda hasta una niña oriental criada como un fenómeno.
La obra muestra lo ridículo, lo trivial, lo extraordinario y lo grotesco de estar vivos en este planeta.
Pero en vez de decir la frase en latín Memento Mori (Recuerda que vas a morir); con mirada firme al público, el protagonista lanza: “Estoy vivo!”. Lo que equivale a decir, tengo otra oportunidad y voy a aprovecharla.

Muy buena ! Excelente tu descripción Gustavo!
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