Reseña | Teatro | Un ritual de paso
Por Sabrina Alonso
Una escritora le pide a la Inteligencia artificial que la ayude a escribir un biodrama sobre su fiesta de quince. Partiendo de esta premisa, Ana Kowalczuk, construye desde el guion, la dirección y la interpretación una obra que muestra el proceso de ser escrita en sí misma. La obra abre una ventana a su intimidad, explorando la memoria y la reconstrucción dramática de su propia vida.
La codirección de Marcos Zoppi, músico y sonidista, aporta un trabajo preciso y creativo que resalta la sonoridad y el ritmo del relato, consolidando un futuro prometedor en el campo de la dirección teatral.
El auge de la inteligencia artificial en los últimos años plantea preguntas inevitables sobre su influencia en la creación artística y en la forma en que nos relacionamos con ella. La obra refleja con humor y sutileza la frustración que puede surgir al intentar comunicarse con una IA, que, como parodia el espectáculo, parece siempre halagar sin filtros cada intervención. Este vínculo con la máquina se convierte, en el fondo, en un vínculo consigo misma, una conversación con la propia historia que la protagonista va reconstruyendo.
El texto es fresco, cercano y actual, combinando interpretaciones graciosas con reflexiones profundas. Entre los temas que toca, algunos sombríos y brutales de la adolescencia, la obra logra que lo doloroso se sienta a la vez hilarante y cercano.
Con una mirada adulta sobre su adolescencia, Ana reconstruye a la niña que fue a los quince, mostrando su inocencia e inmadurez con ternura y humor. Interactúa con esa yo joven, empatizando con ella y acogiendo lo que fue.
Merece una mención especial la actuación de Lala Rossi, quien encarna físicamente a la IA. Su lenguaje neutro, acompañado de movimientos robóticos precisos, logra transmitir la sensación de estar interactuando realmente con una inteligencia artificial. Se nota un gran trabajo detrás de los ensayos, que le permite lograr una precisión admirable tanto en la voz como en los movimientos corporales.
Balthazar Murillo y Margarita Páez aportan interpretaciones que acompañan y realzan las interacciones entre Ana y la IA, creando un equilibrio perfecto en el escenario.
Ritual de paso es, en definitiva, una experiencia teatral que combina humor, intimidad y reflexión, explorando de manera innovadora la relación entre humanidad, memoria y tecnología.
Más allá de su historia específica, la obra invita a pensar en cómo nos relacionamos con nuestra propia vida y con las herramientas que usamos para contarla. La interacción con la IA se convierte en un espejo que refleja tanto la creatividad como los dilemas de la memoria, mientras Ana nos muestra que mirar atrás no es solo recordar, sino reinterpretar, comprender y reconciliarse con el pasado. Entre humor, momentos oscuros y gestos de ternura, la obra nos recuerda que narrar nuestra historia es también un acto de autoconocimiento y de abrazo a la propia vulnerabilidad.
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