Reseña | Cine | La grazia
Por María Ceballos
Lo de Paolo Sorrentino y Toni Servillo es una de esas duplas de colaboradores que simplemente funcionan.
Con “La Gracia” (“La grazia”, en italiano), que llega este jueves a nuestras salas, coronan su relación artística de
larga data. Entre sus anteriores trabajos se encuentran: “El hombre de más” (2001), “Las consecuencias del amor”
(2004), “El Divo” (2008), “La gran belleza” (2013) y “Fue la mano de Dios” (2021).
La nueva película, que pertenece al género de drama, tuvo su estreno mundial en el “Festival Internacional de Cine
de Venecia” el pasado agosto. Allí, Toni Servillo fue celebrado con la “Copa Volpi” al mejor actor.
“La Gracia” cuenta la historia de Mariano De Santis, presidente de Italia, quien, a poco tiempo de finalizar su
mandato, debe tomar una decisión crucial: la aprobación de una ley que legaliza la eutanasia.
Ante la insistencia de su hija Dorotea (Anna Ferzetti), quien trabaja de jurista en su gabinete, debe enfrentarse a
un dilema moral que contradice sus creencias católicas, mientras que el fantasma de su esposa fallecida inunda
cada unos de sus pensamientos como una presencia constante y agridulce.
Si bien el lado político de De Santis es el que se encuentra mayormente representado, la interacción de este
con los miembros de su gabinete nos develan más sobre él y también hay lugar para su rol de padre. La
interpretación de Anna Ferzetti como Dorotea De Santis, más predominante en el inicio, es clave durante toda la
película.
A su vez, la presencia de Milvia Marigliano, como una pintoresca Coco Valori, mejor amiga de la difunta, es la
frutilla del postre y un balance perfecto que saca al rígido mandatario de su zona de confort y añade algo de
liviandad a toda la temática.
Se trata de una pieza exquisitamente filmada en donde la puesta de cámara, la composición y la dirección de arte,
llevadas adelante con una precisión quirúrgica, contrastan con una banda sonora que le saca peso a las situaciones
más densas.
El relato se encuentra inspirado en dos casos en donde dos hombres asesinaron a sus esposas que padecían de
Alzheimer, para poner fin a una vida que ya no era vida, lo que pone sobre la mesa conflictos éticos y morales
que siempre son complejos de debatir.
Sorrentino lo representa de una manera digna y respetuosa, sin acudir a la solemnidad y al golpe bajo. Otro acierto
de este gran realizador italiano.
Altamente recomendable. “La Gracia”, en cines desde este diecinueve de marzo.

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