Reseña | Cine | Malvinas, legado de sangre




Malvinas, legado de sangre narra la historia de ocho veteranos que regresaron a las Islas 42 años después de la guerra, junto a sus familiares


Daniel Ponce, director del documental

Grabar en las Islas Malvinas fue un desafío: las bajas temperaturas y las precipitaciones frecuentes complicaron el proceso. No es lo mismo estar seco, bien comido, y descansado, que poder sentirlo… no de la misma manera, porque uno nunca va a poder vivir lo mismo que ellos, con los cañonazos, las balas rasantes, el frío extremo. Pero a mí me sirvió mucho estar incómodo”. En ese sentido, recuerda haberse mojado los pies sin querer, “y no me quise cambiar, quise estar incómodo también desde el calzado, caminar por la turba mojado y ver qué se sentía."


La película recibió nueve nominaciones internacionales y pasó por varios festivales del mundo, como Saratov en Rusia. Recibió el Golden Gate Film Award al mejor film extranjero en la categoría documental en Los Ángeles.



Por Pablo Kulcar

La lección desde donde se plantea la película es un acierto. Los veteranos están con la emoción que les late a cada paso. Buscan en el territorio esas imágenes que hace años les dan vueltas, pero lo intentan para cerrar algo, para verse a sí mismos saliendo de allí, vivos, y con sus hijos o nietos al lado. Esto diluye la angustia que les instaló la guerra. 

La desproporción de las fuerzas, las improvisaciones que los dejaron a la deriva de algo que no conocían y ese regreso indigno, bajo amenaza para no hablar, algo casi sádico en muchachos que necesitaban exteriorizar y ser reconocidos. El ejército argentino eligió esconderlos y esta película, como muchas otras, los pone en el lugar que merecen.

Un contexto geográfico calamitoso, un viento constante y las distancias que debían recorrer para cubrir estratégicamente la zona, hacen de los hechos de guerra un trauma constante. Frío, falta en algunos casos de estrategias, soldados con hambre y, sobre todo, mojados todo el tiempo, con la incomodidad que eso acarrea y el sobrepeso que suma. Eso fue una parte del soldado argentino luchando en Malvinas; la otra es puro coraje.

Hay un hallazgo en los relatos de dos nenas de unos 10 o 11 años. Ellas distienden, recorren junto a su padre y abuelo respectivamente, y los sostienen. Preguntan, sonríen y, cuando el adulto llora, reconocen el dolor y se emocionan con él.


Darle sentido a ese histórico dolor que, como una mochila bien acomodada, no se aliviana.




El relato es a cámara. Cada uno elige un lugar donde intentar hacer coincidir recuerdo con paisaje actual; algunos lo consiguen, otros no están seguros. Las islas están distintas, más prolijas. Sin ellos recorriendo sus costas, irreconocibles. Todos coinciden en el cementerio y cada uno elige una cruz para homenajear. El final es un festejo de cumpleaños de uno de ellos en Malvinas, uniendo principio y final de un tiempo que les marcó la vida.

Los veteranos aportan datos mientras caminan los lugares que habitaron en tiempos de guerra. Exponen la falta de logística que les hubiera dado mayor resistencia. Tristemente, dejan claro que las municiones y las armas obsoletas solo dieron respuesta por la tenacidad de ellos en hacerlas funcionar. La rendición es un alivio y, a la vez, un laberinto por donde la felicidad se mezcla con la tremenda tristeza de la derrota. No se está preparado para rendirse, aunque eso les haya salvado la vida.

Es un documental que no intenta el golpe bajo, no lo necesita, ya que tiene un tratamiento humano estrictamente relacionado a esa relación tripartita entre las historias personales, la guerra y los hijos. Podríamos agregar también ese sentimiento de camaradería que ellos mismos rescatan y, sobre todo, un patriotismo que casi inconscientemente está dispuesto a todo. 

Es importante rescatar que la intención es mostrar a un veterano como uno más, uno de nosotros, que, puesto en circunstancias no convencionales, logra ejecutar conductas extraordinarias. Los veteranos son esos argentinos extraordinarios a los que la película cobija y enaltece desde su aspecto más sensible: sus familias y compañeros.

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