Reseña | Cine | Proyecto fin del mundo


 Por Mariana Parodi 


Phil Lord y Christopher Miller no realizaban una película desde 22 Jump Street (2014), la secuela de la dupla de oficiales protagonizada por Jonah Hill y Channing Tatum. Los directores de Lluvia de hamburguesas vuelven con su film más ambicioso a la fecha: Proyecto Fin del Mundo.


Basada en la novela homónima de Andy Weir y con guion de Drew Goddard, la historia sigue a Ryland Grace (Ryan Gosling), un profesor de ciencias que despierta solo en una nave espacial sin recordar quién es ni por qué está ahí. Poco a poco recupera la memoria y, a través de flashbacks, descubre que su misión es salvar a la Tierra de una amenaza que está apagando el Sol. Pero en la inmensidad del universo encontrará un amigo con el que logrará comunicarse, aún estando a kilómetros de casa.


La película maneja un tono equilibrado entre la ciencia ficción y lo intímo, contrastando con la vastedad del espacio exterior. No es una historia solemne aunque hay tensión por la situación en la que transcurre, pero también hay lugar para el humor y la vulnerabilidad. Gran parte del tono nace de la mirada del protagonista que enfrenta lo extraordinario con una mezcla de curiosidad científica, miedo y humanidad frente a lo desconocido.


Ryan Gosling no busca mostrar a un héroe sino a una persona común que de un día para otro se encuentra en el espacio. Con un poco de comedia y emocionalidad, carga solito los 136 minutos de película y logra transmitir lo que vive su personaje. En contrapunto, Sandra Hüller (Anatomía de una caída, Zona de interés) logra, con menos apariciones en pantalla, un personaje frío que toma decisiones, contrastando con el carisma y la inseguridad de Grace.


Proyecto fin del mundo habla de la soledad y la resiliencia humana. Explora la comunicación y la necesidad de lazos, incluso en condiciones extremas. En tiempos donde el mundo es cada vez más negacionista, la película nos trae un poco de esperanza en la humanidad.

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