Reseña | Teatro | D-Test


Por Damián Faccini


D-TEST se presenta como un espejo inquietante de nuestro tiempo, donde la inteligencia artificial deja de ser un mero recurso tecnológico para convertirse en un dilema existencial. El montaje propone un viaje escénico que interpela al espectador sobre la sustitución del ser humano por máquinas, sintéticos y humanoides, y sobre la amenaza latente de la extinción de la humanidad en virtud de su propia creación.

La dirección acierta al construir un espacio que oscila entre lo frío y lo orgánico. La escenografía minimalista, contrasta con la presencia humana, generando un clima de tensión constante. El ritmo de la puesta, calculado y preciso, refuerza la sensación de que los personajes se mueven dentro de un laboratorio social donde cada gesto es observado y cada palabra, medida. La utilización de recursos sonoros —voces sintetizadas, silencios abruptos, reverberaciones metálicas— potencia la atmósfera distópica y coloca al espectador en un estado de alerta permanente.

Asimismo, recurre a la idea de tedio, como una posibilidad latente de nuestro presente y futuro. Un limbo digital del cual es difícil escapar. Mérito para dramaturgo/director al arriesgarse al género ciencia ficción, que pocas y buenas veces solemos ver en teatro.

El texto de D-TEST se distingue por su agudeza y capacidad de plantear preguntas más que respuestas. El diálogo entre robots y humanos no se limita a la confrontación, sino que abre un contrapunto filosófico: ¿qué significa ser humano cuando la conciencia puede replicarse? ¿Dónde reside la diferencia entre lo programado y lo espontáneo? La dramaturgia evita el panfleto y apuesta por la ironía, el sarcasmo y la paradoja, logrando que el espectador se sienta interpelado sin caer en el didactismo.

Los actores encarnan con solvencia tanto la rigidez mecánica de los sintéticos como la vulnerabilidad de los humanos. Esa dualidad actoral refuerza el dilema central: la humanidad se enfrenta a su propia obsolescencia, pero también a la posibilidad de reinventarse.

La obra no ofrece consuelo, sino un espejo incómodo que refleja la fragilidad de nuestra condición.


Dramaturgia y dirección: Ernesto Kullock

Actúan:

-Sabrina Kranjac 

-Luciano Bonanno 

-Sebastián Arzeno 

Vestuario: Giselle Peisojovich gisellepeisojovich 

Diseño vestido Vik: Vero Ivaldi 

Escenografía: Pablo Calmet 

Realización de escenografía: ARQC Estudio 

Iluminación: Hugo Colace 

Coreografía: Carla Llopis 

Música y Sonido: Ernesto Kullock 

Asistente de dirección: Pilar Germano 

Maquillaje y Peinado: Ángeles Vázquez 

Fotografía: Martín Catz 

Diseño Gráfico: Nicolás Risso 

Prensa: Carolina Alfonso 

Producción General: Ernesto Kullock 

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