Reseña | Cine | Terror en Shelby Oaks


Por María Ceballos

Ya cercanos a fin de año, continúan llegando los estrenos de cine de terror a nuestro país.

En este caso, se trata de “Shelby Oaks”, proyecto estrenado el año pasado en el exterior, que cuenta con el sello de confianza de Mike Flanagan, uno de los directores del género más destacados de los últimos tiempos. Este oficia de productor del mismo, y quizás tiene mayor relevancia que el propio realizador en la venta del film, el cual se encuentra dirigido por Chris Stuckmann.

Cuenta la historia de Riley (Sarah Durn), una joven aventurera que forma parte de un grupo de youtubers que visitan lugares sospechados de poseer actividad paranormal. Durante su última expedición, estos desaparecen misteriosamente en un pueblo fantasma llamado Shelby Oaks, en el cual se mantienen las ruinas de dos sitios claves para el relato: una cárcel de máxima seguridad y un parque de diversiones. Mia (Camille Sullivan), la hermana de Riley, se propone encontrarla a toda costa.

Los primeros minutos de “Shelby Oaks” se presentan como una película al estilo “found footage”. Este recurso recuerda a las películas de la década del 2000, lo que genera cierta nostalgia, para convertirse en algo diferente hacia el final.

Seguidamente se hace un uso muy interesante del formato documental y, tanto este registro como el anteriormente mencionado, se encuentra claramente definido y separado de la realidad que presenta la historia. Esta última es quizás más cercana a un policial, con un misterio a resolver, que a una verdadera película de terror, para terminar convirtiéndose en una película del género “folk horror”, que tan popular se volvió en los últimos años.

Su poco más de hora y media de duración parece mayor, y no lo digo como algo malo. Se trata de una historia interesante que genera más intriga que miedo: uno como espectador quiere llegar al fondo de la cuestión. El horror nunca termina de ser tal, incluso con “jump scares” inteligentemente distribuidos y efectos especiales convincentes.




Mia, la heroína, lo es desde el minuto uno. No duda en dejar todo por su hermana, lo que hace que la historia avance con un ritmo bastante rápido. Quizás servirían mayores momentos de duda o vulnerabilidad. Aunque se hace uso de su mayor punto débil hacia el final de la película, con una motivación clara y muy humana, al estilo de los personajes de Flanagan.

A grandes rasgos, es un digno film dentro del género que, como mencionamos, hace un mix novedoso de distintos estilos de filmación ya vistos en este tipo de cine. Podría ser una película de Netflix, tranquilamente, y quizás tendría mayor éxito en esta plataforma que aquel que pueda gozar en la gran pantalla, con el estreno de otros tanques como “Wicked: For Good”. Pero continúa siendo una buena opción para pasar el rato.

“Shelby Oaks”, en cines desde este jueves 20 de noviembre.


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