Teatro | Reseña de Moria, el misterio


por Nadia Yannuzzi

Esta obra parte de una preocupación muy legítima: ¿cómo vamos a recordar a Moria Casán dentro de 500 años?

Las luces se apagan. Un grupo de personas, vestidas íntegramente de blanco, desciende por la escalinata principal del Auditorio Nacional cargando una esfinge con una cara muy conocida. Es el año 2655: hubo un apocalipsis y este grupo de científicos descubre una cápsula del tiempo que contiene pistas sobre una mujer notable que vivió medio siglo atrás. Las pistas son esquivas y abren múltiples interpretaciones. Una asistente virtual —para entonces, una tecnología obsoleta— los ayudará a armar este rompecabezas.

Moria, el misterio abarca todo. No solo la metamorfosis de Ana María Casanova en Moria Casán, sino también la trayectoria completa de la diva más irreverente de la Argentina. Canción tras canción, vamos recitando sus frases más icónicas (como ya sucedió en Julio César, de Muscari, en 2022) y recorriendo, sin censura, los hitos de su vida: desde la famosa máquina de afeitar comprada a las apuradas para su debut teatral hasta su paso por la prisión en Paraguay.

La puesta en escena es del más alto nivel, un estándar que el Palacio Libertad suele mantener. Los actores usan pelucas con peinados emblemáticos de distintas etapas de Moria y hay guiños estéticos a Lux, de Rosalía. Los visuales son impactantes: no solo el material de archivo, sino también ciertas piezas realizadas con inteligencia artificial, que resultan originales sin verse plásticas.

Moria estuvo presente en la función del lunes 20 de abril, acompañada por toda su familia. Al final de la presentación, el Secretario de Cultura de la Nación le otorgó el reconocimiento como personalidad emérita de la cultura. Ella, veloz como siempre, afirmó que sigue siendo un misterio. No bastó un musical de una hora y media, con orquesta en vivo y veinte artistas en escena. 

Ph: Nadia Yannuzzi



Y nos deja con una reflexión muy casanezca: para convertirse en quien es, tuvo que sacarse todos los límites, por eso Carlos Petit -el coreógrafo que la descubrió en los ‘70- le sacó el “no” del apellido. 

En la rueda de prensa, Moria estaba exultante, a meses de cumplir 80 años, luciendo los tacones más altos que he visto en mi vida. Con la elocuencia que la caracteriza, aclaró que le dio al equipo total libertad para contar su historia y que estaba muy feliz con el resultado, porque no hay golpes bajos ni momentos emotivos forzados. 

El enfoque lúdico y esta imaginación de un futuro posible le encantan: ella hace años que estudia física cuántica y cabalá. También mencionó que le gustaría hacer un proyecto televisivo con gente joven, en el que cada persona pueda mostrar su singularidad.

El espectáculo cuenta con la dirección general de Valeria Ambrosio, directora del Palacio Libertad, y continúa esta línea de homenajes a las divas que Ambrosio inició el año pasado con el reconocimiento a Mirtha Legrand. Ya tuvimos Mirta, el mito y Moria, el misterio; ojalá la próxima homenajeada sea Susana. Por lo pronto, en breve tendremos la serie de Moria en Netflix. 


Ficha técnica

Sobre una idea de Valeria Ambrosio

Texto: Gabriel Patolsky

Actores: Virginia Kaufmann, Julián Pucheta, Pablo Gelós, Mariano Magnífico, Martín O’Connor e Irene Almus

Coreutas: Julián Rubino, Herni Cáceres, Antonella Misenti, Manu Perin, Laura González y Matías Prieto Peccia

Anfitriona: Paulina Domínguez

Músicos: Matías Cadoni, bajo; Santiago Greco, guitarra; Osvaldo Tabilo, batería; Juan Denari, percusión; Fernando Lerman, saxos y flauta; Miguel Ángel Talarita, trompeta; Iván Barrios, trombón; Fabian Fazio, saxos y clarinete; Jorge Caldelari, violín

Arreglos y dirección musical: Gaby Goldman

Letras: Marcelo Kotliar

Orquestación: Augusto Reinhold y Gaby Goldman

Coreografía: Romina Fos

Asistencia de coreografía: Delfina Dilavello

Vestuario, peinados y dispositivo escénico: Nicolás Nanni

Realizador escenográfico: Diego Castro

Realizador de vestuario: Belén Ficarra Palacios

Maquillaje: Maia Nieri

Producción artística: Pablo Silva

Asistente de producción: Catalina Zorrilla

Asistencia de dirección: Gastón Moguilevsky

Dirección general: Valeria Ambrosio

Duración: 75 minutos. 


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