Cine | BAFICI 27 | Reseña de La Cronología del Agua


 The Chronology of Water (Reino Unido, 2025) Dirección y guion: Kristen Stewart, basada en las memorias de Lidia Yuknavitch. Elenco: Imogen Poots, Thora Birch, James Belushi, Tom Sturridge, Earl Cave, Charlie Carrick, Michael Epp y Kim Gordon. Fotografía: Corey C. Waters. Montaje: Olivia Neergaard-Holm. Música: Alexandra Eckhardt y Paris Hurley. Duración: 128 minutos. 






por Mariana Parodi

La primera película de Kristen Stewart no busca caer bien ni ser complaciente. La Cronología del Agua es, ante todo, una experiencia más sensorial que narrativa, tan fragmentada y dolorosa como la vida que retrata. Y ahí está, justamente, su mayor apuesta… y también su principal límite.

Rodada en 16mm, la película se sumerge en la memoria de Lidia Yuknavitch como si fueran flashes desordenados: recuerdos que irrumpen, se superponen, se deforman. Stewart elige no ordenar ese caos, sino habitarlo. Las distorsiones, los cortes abruptos y los cambios de tono no son meros recursos estéticos; funcionan como una forma de traducir el trauma, la adicción y la reconstrucción personal desde adentro.

En el centro está Imogen Poots, que sostiene la película con una entrega total. Su Lidia es cuerpo antes que palabra: una presencia que se quiebra, se endurece y vuelve a romperse. Hay algo profundamente físico en su interpretación, como si cada decisión, cada recaída, cada intento de escape estuviera atravesado por una urgencia imposible de domesticar.



Alrededor, las participaciones de Jim Belushi y Kim Gordon suman capas interesantes. Belushi encarna a Ken Kesey —autor de One Flew Over the Cuckoo’s Nest—, cuya presencia remite a un dato clave de la vida real de Yuknavitch: fue uno de sus mentores en el camino hacia la escritura. Por su parte, el personaje de Gordon, aunque tiene poco tiempo en pantalla, deja una marca intensa. Su vínculo con Lidia es de esos encuentros que duran poco pero resuenan mucho tiempo después. 

La historia —la huida de un hogar abusivo, el refugio en la natación, el posterior hallazgo de la escritura como forma de existir— está, pero nunca se presenta de manera lineal ni “explicativa”. Stewart parece más interesada en cómo se siente vivir esa vida que en contarla de forma tradicional. Esto puede resultar desafiante: por momentos la película se vuelve densa, incluso agotadora, tanto por su duración como por la intensidad constante de lo que muestra.

Sin embargo, hay algo valioso en esa incomodidad. La Cronología del Agua no romantiza el dolor ni ofrece redenciones fáciles. Es una película que insiste, que se queda en las heridas abiertas, que no busca cerrar del todo. Y en ese sentido, se siente honesta, incluso cuando roza lo excesivo.

Kristen Stewart y su protagonista, Imogen Poots



Como ópera prima, es una declaración fuerte. Quizás irregular, quizás demasiado cargada, pero también profundamente personal. Stewart no parece interesada en demostrar control, sino en explorar —y exponerse—. Y aunque el resultado no siempre sea equilibrado, sí deja la sensación de estar frente a una voz que tiene algo propio para decir, incluso cuando lo hace desde el desborde.

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