Reseña de "Jugada Maestra" ("How to Make a Killing"), película de John Patton Ford, protagonizada por Glen Powell y Margaret Qualley. Estreno 2/04/2026


 por Mariana Parodi 

How to Make a Killing (Reino Unido, 2026) Dirección y guion: John Patton Ford. Elenco: Glen Powell, Margaret Qualley, Ed Harris, Jessica Henwick, Zach Woods, Topher Grace, Raff Law y Bill Camp. Música: Emile Mosseri. Fotografía: Todd Banhazi. Edición: Harrison Atkins. Duración: 105 minutos. Distribuidora: Diamond Films. Apta para mayores de 16 años. Salas primera semana: 41


La segunda película de John Patton Ford vuelve a meterse en un terreno conocido -la ambición y la corrupción moral-, pero lo hace desde una comedia negra que por momentos es muy ingeniosa y por otros algo irregular. Con ecos de Kind Hearts and Coronets (1949), la película intenta traer al presente ese relato de ascenso social desesperado, donde el deseo de pertenecer lo justifica todo.


La historia sigue a Becket Redfellow, interpretado por Glen Powell, un hombre que descubre que es el heredero ilegítimo de una dinastía multimillonaria en el Reino Unido. Tras ser rechazado por esa familia, decide tomar un camino extremo: eliminar, uno por uno, a quienes lo separan de la vida que siente que le corresponde.


El protagonista absoluto del film es Powell, que reafirma su condición de figura magnética del cine comercial contemporáneo. Encarna a un protagonista capaz de cometer actos extremos sin perder del todo la simpatía del espectador. Tiene ese tipo de carisma que hace que la película nunca se caiga del todo.



En cambio, Margaret Qualley se mueve en un registro más conocido, sin demasiadas sorpresas.. Y aunque el elenco secundario suma nombres fuertes (Ed Harris, Jessica Henwick, Bill Camp), sus personajes quedan un poco relegados, más como parte del mecanismo de la historia que como presencias con peso propio. Eso hace que el humor negro, que podría haber sido más filoso, termine funcionando de forma más liviana.


Desde lo técnico, la película tiene mayor solidez. El director apuesta por una puesta en escena dinámica, con movimientos de cámara que acompañan bien el ritmo del relato y le dan un aire lúdico incluso en sus momentos más oscuros. La música de Emile Mosseri suma a ese contraste: lo que suena muchas veces no coincide con lo que pasa, y ahí aparece un efecto de ironía interesante.


Jugada maestra es una película entretenida, de esas que se disfrutan mientras duran, pero que dejan la sensación de que podrían haber sido algo más. Tiene estilo, tiene ritmo y tiene a Powell en un buen momento, pero no termina de encontrar un equilibrio sólido entre lo que quiere decir y cómo lo dice.

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