Festival de Cine Francés | Reseña de El Gran Arco
por Nadia Yannuzzi
L'Inconnu de la Grande Arche (Francia, 2025). Dirección y guion: Stéphane Demoustier, sobre la novela de Laurence Cossé. Elenco: Claes Bang, Sidse Babett Knudsen, Xavier Dolan, Swann Arlaud y Michel Fau. Música: Olivier Marguerit. Fotografía: David Chambille. Edición: Damien Maestraggi. Duración: 106 minutos. Apta para todo público.
En El gran arco de Stéphane Demoustier vemos a la burocracia en su máximo esplendor. La película narra la construcción del Arco de la Defensa, también conocido como Gran Arco o Gran Arco de la Fraternidad (sí, todos esos nombres) en París. En 1982, la administración de Mitterrand convocó a un concurso público para la realización de la obra, y el ganador resultó ser un danés completamente desconocido: Otto von Spreckelsen, interpretado por Claes Bang.
Este hombre había construido cuatro iglesias y su propia casa, nada más, y, de la noche a la mañana, le asignan un contrato millonario para construir la obra de su vida en medio de una de las urbes más icónicas del mundo. Sus grandes rivales serán Jean-Louis Subilon, interpretado por Xavier Dolan (completamente irreconocible como un burócrata yuppie de los ‘80) y Paul Andreu, el arquitecto pragmático encarnado por Swann Arlaud, que fue el director ejecutivo del proyecto y el más hábil a la hora de negociar.
La estética de la película es maravillosa: tiene un aire retro sin parecer filmada con un filtro de Instagram. Especialmente destaco el vestuario, absolutamente increible, pues, ante todo, es un film francés.
Hay ciertas reminiscencias a El brutalista, pero, a diferencia de lo que nos produce László Tóth, no vamos a sentir empatía por Von Spreckelsen, o al menos no durante toda la película. Por momentos, su intransigencia nos incomoda.
Von Spreckelsen no esperaba ganar este concurso, se presentó de manera individual, sin un estudio que lo respaldara, pero no puede lidiar con las condiciones reales y concretas del trabajo en la obra pública. Su compromiso inquebrantable con su propia visión lo hace aislarse cada vez más, sin poder darse cuenta nunca de los intentos de acercamiento y búsqueda de acuerdos que le proponen los demás.
Finalmente, Mitterrand perdió las elecciones de medio término y el arribo de la derecha al gobierno implicó un freno al proyecto por considerarlo un derroche de gasto público (argumento conocido, ¿no?).
El Arco se inauguró para el bicentenario de la Revolución Francesa y uno podría decir ¡qué bueno!, pasan las gestiones y quedan los artistas, pero no es el caso. Von Spreckelsen sigue siendo un desconocido (por ejemplo,la entrada con su nombre en Wikipedia consta de un solo párrafo) y quizá esta película busca hacer un poco de justicia con su figura.
Hay muchas razones para ver “El gran arco”. Si te gusta la arquitectura, si amas las buenas ambientaciones, si te gusta que una película te haga sentir incomodidad y se aleje de la narrativa de “buenos” y “malos” o “burócratas” versus “artistas”, no podés perdértela.
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