Cine | Reseña de El Mago del Kremlin
Le Mage du Kremlin (Francia, 2025) Dirección: Olivier Assayas. Guion: Emmanuel Carrére y Olivier Assayas sobre la novela de Giuliano Da Empoli. Elenco: Paul Dano, Jude Law, Alicia Vikander, Tom Sturridge, Jeffrey Wright, Will Keen y Matthew Baunsgard. Fotografía: Yorick Le Saux. Edición: Marion Monnier. Duración: 156 minutos. Distribuidora: Imagem Films. Apta para todo público.
por Nadia Yannuzzi
Vamos a empezar al revés: analicemos lo malo primero. Visualmente, El mago del Kremlin es una película extraña, con una estética que parece pasada por un filtro retro de Instagram. Algunos críticos hablaron de un “efecto hollywoodense”, pero a mí la imagen me resulta más bien plástica y artificial; las escenas del Moscú postsoviético, en particular, no terminan de convencerme. También es llamativo que todos los personajes hablen un inglés británico impecable, incluso Paul Dano, que es estadounidense. En una película sobre Rusia, nadie habla en ruso. Más curioso aún es que el director, el polifacético Olivier Assayas, haya declarado sin demasiado pudor que no conocía en profundidad la historia rusa y que fue aprendiendo a medida que avanzaba la escritura del guion.
Dicho todo esto, El mago del Kremlin es una película excelente. La acción comienza con Rowland, un profesor estadounidense que decide tomarse un año sabático en Moscú para escribir la biografía de un autor soviético. Al día siguiente de instalarse, recibe un mensaje de alguien sorprendido por su trabajo, que lo invita a su casa a charlar de literatura. Este señor anónimo le manda un auto blindado con cuatro guardaespaldas; Rowland, sin el menor atisbo de duda, se sube, como haría cualquier persona perfectamente normal en un país regido por un Estado policial, ¿no? Así termina, ni más ni menos, en la casa de Vadim Baranov —interpretado por Paul Dano—, el mago del Kremlin, el hombre que llevó a Putin al poder.
Baranov está retirado de la política desde 2014 y vive aislado en su dacha, junto a su familia. Es un paria. Las sanciones internacionales le impiden salir de Rusia sin riesgo de ser detenido, y el propio gobierno ruso lo vigila de cerca porque sabe demasiado.Aún así, y sin demasiados rodeos, decide contarle a este profesor toda su vida y todos sus secretos. A la manera de El cuervo de Edgar Allan Poe o, más cerca en el tiempo, Nocturno de Chile de Roberto Bolaño, Rowland se convierte en el confesor de un hombre desesperado.
Todos los personajes son reales: algunos conservan sus nombres y otros no —el criterio para esta diferencia nunca queda del todo claro—. Los hechos también lo son. El protagonista es real. Incluso hoy intenta ser emulado, de manera bastante pobre, por cierto asesor de Javier Milei.
Quizá lo que muchos esperan sea ver a Jude Law interpretando a Vladimir Putin. Si bien su actuación es impecable, tiene pocos minutos en cámara: como indica el título, él no es el verdadero protagonista. Y ahí está uno de los grandes aciertos de la película. Porque nada de lo que vemos en pantalla es nuevo —todo ya ocurrió—: el interés no pasa por los hechos en sí, sino por la exposición descarnada de la maquinaria del poder. Rowland intenta discutir las decisiones de Baranov apelando a valores como la libertad o la independencia, pero sus argumentos se desmoronan rápidamente: su propio gobierno hace exactamente lo mismo que Putin.
No es ninguna novedad que las élites económicas fabriquen candidatos presidenciales para beneficiarse y que la jugada termine saliendo mal (¿les suena?). Tampoco lo es que Putin actúe de un modo muy similar al de otros líderes que, en nombre de la democracia, toman decisiones igualmente violentas, incluso inventar guerras donde no las hay.
La película dura dos horas y media, que casi no se sienten, y eso es un mérito del guion. El mago del Kremlin se basa en el best seller homónimo del italiano Giuliano da Empoli, con guion de Emmanuel Carrère, que además tiene un breve cameo y es un gran conocedor de la historia soviética —en rigor, lo era su madre; Carrère, en un gesto bastante edípico, continúa escribiendo sobre la Unión Soviética y se destaca por entrelazar ficción e investigación histórica—. No me interesa ser esa lectora odiosa que busca el libro dentro de la película: prefiero pensarlos como obras autónomas. Aun así, en este caso el guion se mantiene muy pegado al texto original, salvo por el final.
Durante toda la película llaman a Putin “el zar”, pero también podría ser el secretario general del partido. Como él mismo dijo alguna vez: “Quien quiera revivir la Unión Soviética no tiene cabeza, pero quien no la extrañe no tiene corazón”. Andá a verla. Que no te asusten las dos horas y media. Recordá que este hombre controla el país más grande del mundo.



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