Reseña | Cine | La niña de mis ojos
El amor no desaparece, solo cambia de lugar.
Por Lu Britti
La niña de mis ojos nos ubica en Corea del Sur durante los años 2000, donde Jin-woo y sus amigos atraviesan la secundaria. Al comienzo, Jin-woo parece no preocuparse demasiado por su futuro, hasta que cruza caminos con Seon-ah, la estudiante modelo de la clase, por la que todos están enamorados.
Cuando nos sentimos sin rumbo, el amor puede aparecer como una guía inesperada. A veces, nos lleva a preguntarnos si realmente tenemos sueños propios, y qué es lo que nos mueve a seguir adelante.
Desde una mirada occidental, algunas actitudes machistas pueden resultar chocantes. Sin embargo, al considerar el contexto histórico y social de Corea del Sur en esa época, se puede comprender mejor su tratamiento y disfrutar la película en su totalidad.
La película se destaca por su atención al detalle. A través de diferentes etapas de la vida —desde la adolescencia, con su inocencia y pasión, hasta la adultez, acompañada de un balde de realidad— el relato transita con sensibilidad y honestidad. Cada toma está cuidadosamente pensada, no hay escenas de relleno: todo tiene un propósito dentro de la historia.
La niña de mis ojos es una película que, aunque simple en su premisa, deja una huella por su calidez y profundidad. Nos invita a recordar nuestros primeros amores, los miedos adolescentes y las decisiones que marcaron nuestro camino. Es una historia íntima que combina belleza visual con emoción genuina, ideal para quienes buscan algo más que una típica historia romántica.
DURACIÓN: 101'
CALIFICACIÓN: ATP CON LEYENDA(se sugiere la compañía de personas adultas)


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