Teatro | Reseña de Estos pequeños libros que quedan
por Nadia Yannuzzi
“Una
biblioteca es una trampa”, le dice la madre a la hija. Ambas llevan horas
buscando un sobre que la hija guardó dentro de un libro, aunque ya no recuerda
en cuál. Entre citas de poesía y fragmentos de clásicos, madre e hija empiezan
a dialogar sobre aquello que les cuesta decirse. Sin embargo, hay un tercer
personaje inesperado: la biblioteca. Ignacio Sánchez Mestre la encarna
con enorme gracia, dándole cuerpo y voz a ese mosaico único que cada quien arma
en su casa a medida que acumula libros, recuerdos y marcas de lectura. La
biblioteca tiende un puente entre ambas mujeres y habilita el diálogo.
Estos pequeños libros que quedan tiene una puesta en escena delicada.
La sala es pequeña y los espectadores rodeamos el escenario por tres lados. La
acción sucede a ras del piso, delimitada por algunas alfombras y varias pilas
de libros que construyen un paisaje doméstico reconocible. La iluminación
aporta calidez y, desde el comienzo, queda claro que asistimos a una escena
privada, casi furtiva, entre dos personas que se conocen demasiado. Mónica
Raiola está soberbia en el rol de la madre: dispuesta a ayudar, pero
incapaz de callarse lo que piensa, incluso cuando eso incomoda.
La
hija pierde la paciencia, saca libros, los apila, intenta forzar la memoria. La
madre, en cambio, revisa hoja por hoja con una calma exasperante, deteniéndose
a leer algunos párrafos al pasar. La acusa de ansiosa y desordenada, aunque el
conflicto real no está en el caos sino en la diferencia de criterios: cada
persona ordena sus libros —y sus afectos— según una lógica propia, íntima e
intransferible.
Nunca
sabremos los nombres de estas mujeres, pero sus problemas y dolores no tienen
nada de extraordinario. Han atravesado pérdidas que todos, en algún momento,
experimentamos. Juntas recitan “Los heraldos negros” de César Vallejo
—“Hay golpes en la vida, tan fuertes… yo no sé, Golpes como del odio de Dios
(...)”— y la pregunta se vuelve inevitable: ¿a quién no le ha pasado un dolor
así? Ahí reside la belleza de la obra, en explorar emociones profundamente
familiares a partir de la literatura.
Cynthia Edul, autora y directora, demuestra nuevamente su conocimiento de los
clásicos. Ya hace unos años nos había enamorado con su obra “El punto de
costura”, también montada en Arthaus, en las que exploraba el orígen de su
familia siria y su vinculo con los textiles. En esta nueva obra nos muestra una
vez más su bibliofília, porque madre e hija podrán narrar sus emociones gracias
a Vallejo, Martí, Borges y el Quijote.
Estos
pequeños libros que quedan es una obra íntima y sensible, que —por suerte— vuelve
a escena en agosto de 2026, confirmando que algunos libros, y algunas
historias, siempre merecen ser revisitados.
Ficha artística
Con Mónica Raiola, Ignacio Sanchez Mestre y Agustina Muñoz.
Asistencia de dirección: Amanda Minujin
Foto: Ignacio Coló
Comunicación y prensa: Cecilia Gamboa
Música Original: Guillermina Etkin
Iluminación: Sebastián Francia
Escenografía y vestuario: Paola Delgado
Producción: María La Greca
Autoría y Dirección: Cynthia Edul


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