Cine | Reseña de Los Lagos
País: Argentina. Dirección y guion: Diego Gachassin. Documental con intervenciones de Agustín y Tomás Lagos. Música: Germán Cantero. Fotografía: Diego Gachassin. Montaje: Fernando Vega y Diego Gachassin. Duración: 90 minutos.
Los caminos de la vida
por Gustavo Noriega
Los lagos es el quinto largometraje de Diego Gachassin, estrenado en BAFICI 2025. El título alude al apellido de -Tomás y Agustín- los hermanos protagonistas de la historia, en la que el menor de ambos añora una hermandad cuyos recuerdos se remontan -precisamente- a veraneos en las frías aguas del sur argentino.
El mayor de ambos tiene como afición realizar carreras de autosuficiencia, que ponen a prueba la resistencia física, la planificación estratégica, la adaptación y la recuperación. Es probable que en el gusto por ese tipo de desafíos se encuentra el rasgo que crea la distancia entre él y su hermano menor -Agustín- con quien acordarán reunirse en la Patagonia.
El viaje de regreso a esa región que ambos conocieron será el fin del periplo, aunque, antes de llegar allí, el filme buscará retratar a cada uno de los hermanos en su respectivo medio: el Gran Buenos Aires y el monte catamarqueño.
Irse a vivir al campo, en Catamarca, fue una elección que hizo feliz al más insolente de ellos, pero despertó cuestionamientos familiares. Allí vive en una comunidad que construye casas de adobe, donde también ejerce la fotografía profesional y practica la biodecodificación, en busca del origen de las enfermedades provocadas por traumas del pasado.
Por su parte, Tomás eligió la medicina como profesión y trabaja en cuidados paliativos de enfermos terminales, en clínicas y hospitales del conurbano bonaerense. Como puede suponerse, su elección no provocó objeciones en su entorno. Ambos son padres presentes y se dedican a diferentes caminos de sanación; eso también los hermana.
De Villa la Angostura a Traful será el recorrido que hará el primogénito, mientras que su hermano lo fotografiará. Este plan servirá de excusa para enfrentar eso “no dicho” que pesa y, en el marco colosal del lago y las montañas, se dará un diálogo “a calzón quitado” para encontrar eso intangible que, con el paso del tiempo, se agudiza en detrimento de la confianza.
Entonces son dos dimensiones que adquiere el problema: el tiempo, que no para y la distancia física entre los dos.
El documental logra una estructura firme que permite al espectador dejarse llevar, poniendo en el centro el protagonismo masculino, en tiempos en que la masculinidad está siendo fuertemente observada por el universo femenino. A propósito, aquí las voces femeninas aparecen en una canción que consagró al grupo británico Keane; primero, en una dulce versión casera cantada por una niña de la familia y, más tarde, interpretada por la inglesa Lily Allen, que acompaña imágenes de pura naturaleza; entregando un cierre emotivo sin igual.
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