Cine | Reseña de Los Domingos
por Nadia Yannuzzi
Ainara tiene 17 años y quiere ser monja de clausura. De esta premisa, aparentemente sencilla, parte Los domingos, una película hermosa e inteligente.
Ainara vive con sus dos hermanas, su padre y su abuela en el País Vasco. Su madre falleció, pero Maite, su tía paterna, está muy presente en su vida. Su familia parece ser muy religiosa y su padre está completamente desconectado de la crianza de sus hijas: solo le preocupan el dinero y su nueva novia.
Más allá de la superioridad estética del catolicismo, que la música pop descubrió hace bastante tiempo —pensemos en Like a Prayer, de Madonna, y, más acá, en Rosalía, Nathy Peluso y C. Tangana—, estamos ante una película visualmente exquisita. Las escenas de fiesta con música litúrgica, la dirección de arte, el vestuario: todo es excelente. Pero nada de esto sería lo que es sin un guion extraordinario, que eleva la película a otro nivel. Y nadie tiene por qué sentirse ofendido. Creyentes, ateos y agnósticos pueden ir tranquilos al cine: la película apunta más a la duda que a cuestionar una religión institucionalizada o una creencia determinada.
Si bien Ainara es la protagonista, su decisión implicará grandes movimientos para su familia, especialmente para su tía, la iconoclasta del clan. Y aquí la actuación de Blanca Soroa es magistral, porque Ainara no asume este llamado con alegría: duda, tiene miedo de dejar a su familia, está confundida y experimenta como cualquier adolescente. Su tía Maite quiere que vaya a la universidad y tenga distintas experiencias antes de decidir si ingresa al convento. El padre apoya la decisión de su hija, entendiendo que es su vida —después de corroborar que su ingreso no implicará un aporte económico—. Como siempre, ambas partes tienen una cuota de razón.
Pero es interesante cómo sostener la libertad como valor supremo vuelve a Maite intransigente. La verdad es que hacerse monja no es como tatuarse la cara —con perdón de quienes lean esto y tengan la cara tatuada—. Pocas cosas en la vida no tienen vuelta atrás, pero Maite no puede verlo. Quizás porque su propia experiencia con la educación religiosa y su crisis personal también están permeadas por esa necesidad de defender la libertad a cualquier precio.
Alauda Ruiz de Azúa es una joven cineasta vasca que ganó el Goya a la Mejor Dirección Novel por su ópera prima, Cinco lobitos, en 2023. Con Los domingos, su segundo largometraje, acaba de consagrarse en el Festival de San Sebastián, donde obtuvo la Concha de Oro, además de los premios FIPRESCI, SIGNIS y Feroz Zinemaldia. La película también ganó cinco premios Goya, entre ellos los de Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion Original, y el Premio Forqué a la Mejor Película.
Sobre esta película, la directora declaró a Nueva Revista que “los dilemas de difícil respuesta son mi estímulo”. ¿Por qué una joven elige hoy una vida de clausura? ¿Qué pasa cuando alguien a quien queremos elige un camino que parece contrario a nuestros valores?
Los domingos es una película brillante que nos hace reflexionar sobre nuestras propias creencias y nuestros roles en la familia —por algo la película se llama así: el día familiar y religioso por excelencia para los católicos—. Y si alguna vez dijiste: “Si Dios quiere que vea esta película, que ponga a Juan Minujín hablando en euskera”, Dios dijo: no se diga más.

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