Cine | Reseña de Diciembre
por Nadia Yannuzzi
Un hombre, con una escopeta en la boca y atrincherado en un banco, les dice al negociador de la policía y a los medios: “Me hice una persona normal y te encontrás con que no sirve”. Todo transcurre en algún día de diciembre de 2001. Es un hombre agobiado por una situación económica que lo llevó al límite y encuentra su punto de quiebre cuando la entidad financiera pretende rematar su casa y dejarlo en la calle. Mientras el presidente y el ministro de Economía bailan sobre el Titanic, miles de vidas se derrumban.
El documental recupera material de archivo de diversas fuentes y reconstruye, como su título lo indica, los acontecimientos del mes de diciembre de 2001 en Argentina. Durante los primeros minutos se suceden las imágenes de Domingo Cavallo anunciando las restricciones a los retiros en efectivo, intercaladas con situaciones frívolas de la farándula argentina y los primeros ahorristas que empiezan a manifestarse en las puertas de los bancos.
A medida que el conflicto avanza hacia su clímax, las imágenes se vuelven cada vez más caóticas: declaraciones de políticos, manifestaciones, cacerolazos y escenas de una sociedad que parece haber perdido cualquier forma de estabilidad y de límite.
Lucas Gallo repite en este nuevo documental la fórmula de su producción anterior, 1982, donde reconstruía, con material de archivo, el año de la Guerra de Malvinas. No es la intención quitarle mérito al trabajo de investigación y montaje, pero, sin una orientación clara, por momentos resulta complejo comprender la trama de ese diciembre.
Las generaciones más jóvenes probablemente ya no sepan quiénes son muchas de las personas que desfilan por la pantalla, mientras los espectadores mayores se codean y susurran: “Uy, ¿te acordás?”.
Diciembre sigue el pulso de la crisis. No busca una reconstrucción histórica exhaustiva, sino transmitir las emociones y las sensaciones de aquellos días. Y hay dos cuestiones que quedan particularmente claras.
Por un lado, la originalidad argentina a la hora de protestar: en una de las escenas más insólitas, bailarinas de ballet, con tutú y zapatillas de punta, danzan en pleno piquete. Por el otro —y esto ya es un lugar común, aunque no por eso menos escalofriante—, la sensación de que el pasado siempre encuentra la forma de volver.
En un recorte, Fernando de la Rúa culpa a los medios de comunicación por difundir rumores y noticias falsas que generaron la corrida bancaria. Sin negar el poder de los medios, el argumento del poder conserva una inquietante actualidad.
También aparece un grupo de hombres que, en medio del caos, pide la libertad de Mohamed Alí Seineldín, el exmilitar carapintada condenado a prisión perpetua por el levantamiento de 1990. La escena funciona como una postal de la heterogeneidad de aquellas jornadas: en medio del derrumbe político y económico convivían reclamos, broncas y nostalgias de todo tipo. Siempre habrá nacionalistas nostálgicos sueltos.
De aquel caos de 2001, la sociedad y la política argentinas de hoy son, en buena medida, herederas. Documentales como Diciembre nos ayudan a volver a sentir, a rememorar y a transmitir la memoria desde un lugar más emocional que histórico.
En una de las frases más hermosas de la película, un manifestante de Chajarí dice: “Un piquetero corta una ruta para abrir caminos”. Del caos también nace la poesía.
Proyecciones: En el MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415): viernes 24 y 31 de julio; viernes 7 y 14 de agosto, a las 22. En Arthaus Central (Bartolomé Mitre 434), viernes 21 y 28 de agosto, a las 20.


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