Cine | Reseña de Evil Dead en llamas

Título Original: Evil Dead Burn. País: EEUU. Año: 2026. Dirección: Sébastien Vanicek. Guión: Sébastien Vanicek y Florent Bernard. Elenco: Souheila Yacoub, Tandi Wright, Hunter Doohan y Luciane Buchanan. Música: Marius De Vries, Will Bates. Fotografía: Philip Lozano. Montaje: Maxime Caro. Duración: 110 minutos. Distribuidora: Sony Pictures.





por Nahuel Tesouro


Evil Dead es una saga considerada por los fans del género como una de las más constantes en su calidad. Con su nueva entrega, Evil Dead en llamas, ya suma 6 películas y una serie de televisión, y ninguna de sus producciones es mala. Por eso, cada vez que se estrena un film de esta franquicia, es muy importante que mantenga el nivel de sus predecesoras. Esta entrega no solo logra eso, sino que incluso supera mucho de lo que vino antes.

Sébastien Vaniček fue el encargado de darle vida a esta nueva entrega después de captar la atención de los productores (entre ellos, obviamente, Sam Raimi y Bruce Campbell) con Vermines. Y es precisamente Vaniček quien particulariza este film dentro de las últimas producciones de Evil Dead

Sí, el film tiene todo lo que una película de este estilo debería tener. Ofrece exactamente lo que uno busca cuando va a ver algo titulado Evil Dead, pero también sabe diferenciarse. 

Primero, por su estética y su gore. Más allá de que los efectos son espectaculares, hay una utilización de la violencia y la sangre tan brutal, tan perversa y tan enfatizada, que se aproxima no solo al terror demoníaco (como todos los films de la saga) sino al Nuevo Extremismo Francés. La única locación en donde se desarrolla casi toda la historia, el aspecto familiar y metafórico de los momentos más grotescos, y el hecho -no menor- de que el director sea, efectivamente, francés, acercan esta producción al icónico movimiento dosmilero del país europeo. 

Otra forma que encuentra esta obra para diferenciarse de las demás, y que mencioné brevemente en el párrafo anterior, es el tema metafórico. Hace tiempo que estamos en una época en la cual ya es hasta cliché que un film de terror no se trate precisamente de aquello que estamos viendo, sino de algún trauma interno. Sin embargo, cuando este recurso se utiliza bien (como en este caso), enriquece y profundiza la narrativa. 



Es fácil ver lo que dicen los Deadites, el escrutinio al que se enfrenta la protagonista y gran parte del tramo final como un espejo de la violencia de género que sufren muchas mujeres como Alice. Y esto, a la vez, deriva en la tercera forma que encuentra Vaniček para darle identidad a la sexta entrega de una franquicia llena de buenos films: los personajes.

Mientras que en la mayoría de las películas de terror, así como en la propia saga -ya sea en Rise, el remake de Fede Álvarez o incluso la trilogía original- los héroes combaten y se ayudan frente al caos que generan los poseídos tras leer un pasaje del Necronomicón, generando un mínimo de empatía en el espectador, en esta ocurre todo lo contrario. 

Para ayudar a esa relación metafórica que mencionaba, la familia en el núcleo del guion es muy cuestionable y problemática mucho antes de que aparezcan los Deadites, y esto se traslada al comportamiento de los personajes una vez que entramos al segundo acto. En Evil Dead Burn, los personajes se perjudican y torturan en lugar de colaborar entre sí. En este film, están constantemente huyendo y evitando tomar decisiones heroicas o que puedan salvar a sus seres queridos, incluso a sus esposas. En esta entrega, son todos unos cobardes (al menos hasta el tercer acto). 

Y esto, lejos de alienar al espectador, lo sumerge aún más en la historia. Porque no todas las personas pueden ser Ash ante algo tan destructivamente maligno como los Deadites que acechan en estos films. 

Podría añadir la dirección, la fotografía y el diseño de sonido a los puntos fuertes de esta cinta, pero estos tres ítems que mencioné son los que más explican por qué el film de Vaniček es uno de los mejores de toda la franquicia.



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