Cine | Reseña de El Gran Viaje
por Gustavo Noriega
Un relato ecologista -sin palabras- que evoca experiencias infantiles
En “El gran viaje” (“Dandelion´s Odyssey”), la película de la japonesa Momoko Seto, cuatro aquenios de una planta de diente de león sobreviven a una sucesión de estallidos atómicos que destruyen el planeta Tierra. Estos frutos, vulgarmente llamados “panaderos”-con los que casi todo niño ha jugado a desarmar de un soplido, la esfera virtual que conforman- se ven forzados a vagar hacia al espacio exterior.
Son diferentes entre sí: uno parece más debilitado que los demás y dos de ellos sugieren ser una pareja romántica. Lo que les permite la dispersión aérea, favorecida por la brisa, son sus vilanos -o conjunto de pelos- que, a simple vista, unos tienen más que otros.
Aunque no hay diálogos, las plantas producen sonidos que comunican su estado emocional, especialmente en momentos de alivio tras sus aflicciones o de festejo después de un aprieto. En momentos de distensión, “esquían” en la nieve y “patinan” sobre el hielo.
Pronto llegarán a un planeta desconocido, y el desafío para este recorrido inédito y amenazante será permanecer juntos -para mayor seguridad- ya que deberán evitar a otros seres vivos y elementos semejante a los terrestres. También deberán sortear cambios de temperaturas y todo tipo de rigores climáticos, bajo un cielo con múltiples lunas y arcoiris monocromáticos.
Después de trasladarse a través de un agujero negro, llegan a una piedra flotante, donde se enfrentan a sustancias violentas (líquidos tóxicos) y a depredadores inesperados.
Escarabajos, abejas, babosas, ranas, vegetales y diferentes materialidades son representados mediante una técnica fotorrealista, que se centra estrictamente en la reproducción objetiva y fiel de la escena de referencia; evitando la interpretación subjetiva del artista en favor de la exactitud visual.
Tanta fragilidad necesita del viento a favor para trasladarse. Este recorrido, sin lenguaje humano ni nombres propios, se asocia a la maravillosa experiencia del film de animación “Flow” -por la ausencia del hombre- y aunque el desafío parece ser mayor, no alcanza a cautivar tan hondo como para trasmitir las sensaciones de aquella aventura.
“Flow” propone disfrutar mientras sea posible del viaje, mientras que en El Gran Viaje la debilidad es una constante y, por ende, la amenaza es mayor.
El gran viaje, que cuenta con guion de Seto y Alain Layrac, evoca la tradición infantil de soplar al conjunto de vilanos y luego intentar atraparlo al vuelo para atraer la buena suerte. Estos protagonistas se hunden en el suelo con la promesa de renacer: un regreso al pasado con preocupación por el futuro.


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