Cine | Reseña de Sí, cambio
País: Argentina. Dirección y guion: Juan Morgenfeld. Elenco: Tamara Leschner, María Villar, Horacio Marasi y Fabián Arenillas. Música: Federico Zampieri. Fotografía: Gonzalo Zilberman y Joaquín Marracini. Duración: 87 minutos. Distribuidora: Kligger
por Pablo Kulcar
“Máximo cuidado, Santonja. Estamos en comunicación permanente. Esto puede ser jodido; puede haber micrófonos escondidos”, esta es una de las recomendaciones que el supuesto jefe le da a la supuesta detective, en el momento en que está por hacer contacto con la persona a la que buscan.
De eso se trata la película: una chica deprimida y de mal humor constante que, absoluta falta de voluntad, se dedica a seguir a un muchacho. Quien la contrató para esta tarea se comunica con ella a través de un handy y recibe informes que no pasan de decir que el tipo salió del departamento o que fue a algún lugar del barrio. Ella se relaciona con muy poca gente, sus amistades tienen particularidades diversas. Ninguna tiene el mejor interés en escucharla.
El director, Juan Morgenfeld, elige remarcar esta contraposición entre las amigas, la madre y la vecina del edificio -todas extrovertidas y narcisistas- y ella, en silencio y casi al borde de algún episodio emocional.
La detective no tiene un plan determinado e improvisa distintas estrategias. De allí surge un gran personaje: la vecina del espiado. Esta le ofrece su ayuda. Nuestra heroína no la quiere, pero finalmente acepta y la relación dará frutos. Juntas intentan elucubrar datos que van desde el chisme barrial hasta una observación metódica para construir un perfil del enigmático perseguido.
La película es muy atractiva. Más allá de la investigación, que está en primer plano, lo que queda expuesto es la apática actitud de Santonja, que parece anunciar que algo puede suceder.
La historia es simple en su relato, pero contiene un dolor disimulado. La vecina aporta naturalidad y funciona como el contrapunto perfecto, al tiempo que expone la dualidad temática de la película. La tecnología las rodea y, de algún modo, las sustituye como personas. Santonja desprecia esta utilización. Sin celular y a la usanza de viejos policiales, escribe lo que considera relevante en su libreta.
Parece inexperta y displicente, pero está atenta y sabe lo que quiere.
Una gran película original, que se aleja de estereotipos y de situaciones comunes. El director arriesga y gana. Una comedia que se va tejiendo a sí misma de a poco, con actores que construyen personajes que encajan en lo imaginario de lo que sucede y con recursos que siempre suman al contrapunto permanente.
¿Alguien tiene interés en escuchar al otro? Parece ser la verdadera consigna. La respuesta y por ahora, son solo dos palabras: "Sí, cambio".
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