Cine | Reseña de Tres noches al año
por Pablo Kulcar
El carnaval es una de las fiestas populares más difundidas. Los festejos convocan a personas de todas las edades y grupos sociales, creando la ilusión momentánea de cohesión social. Esta es aceptada por todos, ya que es la misma gente la que se apodera del contenido y de su significado. Las clases sociales se mezclan entre tambores y bailes en pos de un evento que identifique a cada comparsa y, por propiedad transitiva, a la esencia que hace de ese grupo un pueblo. Los carnavales suelen ser un espacio de disfrute y de expresión de los sectores populares.
Este documental nos pone en situación de esas tres noches en las que, para algunos, es solo una diversión, mientras que para la mayoría se juega su identidad.
El festejo del Carnaval de Concepción de la Sierra, en Misiones, pone de manifiesto el trabajo realizado durante todo un año por parte de sus protagonistas. Las limitaciones económicas y los conflictos familiares se hacen visibles a partir del compromiso que implica ser fiel a la pasión que rodea al Carnaval misionero.
La felicidad de esos tres días revela la dependencia de sus protagonistas a la construcción de esta fiesta. La definición que surge es la de una pasión y esta no precisa de justificación: es inherente a la actividad misma y al sentimiento de pertenencia e identidad que otorga. Aún cuando los años los compliquen, buscan la manera de seguir siendo parte, como artesanos de la indumentaria o bien como organizadores y productores.
La película expone, a través de testimonios a cámara, todo el abanico que componen a las comparsas. Allí escuchamos y vemos a jóvenes mujeres que, desde manualidades hasta sus propias danzas, son una parte significativa de la fiesta durante esos tres días. Encanto es la palabra que se acomoda a cada una de ellas. El director busca y registra sus explicaciones y su felicidad. Apasionados por nada más y nada menos que un trabajo colectivo, la competencia entre las comparsas es el aliciente para la superación.
La música se ensaya con bastante rigor y vemos cómo todos los percusionistas son conducidos por un músico que los acopla y afina. Hay mucha juventud.
Un trabajo audiovisual que registra desde adentro cómo se gesta una fiesta popular, las cosas que se ponen en juego y las capacidades artísticas que son estimuladas para su desarrollo.
La iglesia parece no entender lo que estos chicos comparten. El sacerdote de la ciudad está celoso por lo auténtico y espontáneo de algo a lo que intenta contraponer con normas religiosas. Lejos de alejarlos, solo impone la culpa como un intento de manipulación. El baile y la belleza de los cuerpos, la bebida en exceso, son propios de una fiesta y están lejos de ser algo que merezca una condena por parte de una autoridad eclesiástica.
Tres Noches al Año acompaña a los protagonistas de esta celebración, revelando el esfuerzo silencioso de quienes entregan su tiempo y sus recursos a un sueño que, durante apenas setenta y dos horas, transforma al pueblo por completo. En medio de limitaciones económicas y tensiones familiares, cada integrante encuentra en él una forma de identidad, pertenencia y sentido.
Un documental sobre un pueblo que año tras año se reinventa. Un compendio de imágenes llenas de vida, baile y belleza. El carnaval está expuesto desde el momento en que se lo piensa hasta el momento en que, muy de a poco a poco, se lo construye.
Sobre carrozas y vestidos, la película nos regala eso que ellos repiten una y otra vez frente a cámara: la pasión. Y nosotros lo disfrutamos como destellos de una felicidad que no se quiere apagar.
Y es eso lo que vemos: chicas armando estructuras, madres ayudando, pobladores soldando parte de esas estructuras y todos refiriéndose a sus actividades como muestras de un amor para con esa esperada fiesta.
Color, música, belleza, juventud, brillantinas, escenografías, comparsas, tambores y jóvenes tocando: todo esto son los ingredientes que constituyen este hermoso documental.
“La comparsa es una familia, todos nos ayudamos”. El estado provincial da un subsidio a las ciudades, pero este alcanza para el mantenimiento del sambódromo y el sonido. Por lo demás, son ellos quienes lo aportan.
Un hecho importante es el lugar que la música tiene en todo esto. Hay un testimonio de una chica que graba sus canciones y es una de las primeras en hacer zambas de carnaval. Hay proyectos de ley que los establecen como actividades culturales a mantener y apoyar.
Y hay un pueblo, que en el final de la película, justifica cada minuto de su esfuerzo cuando hace suyas las calles del sambódromo durante Tres noches al año en un auténtico carnaval popular.
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