Reseña | Teatro | Tirria

 


La Argentina ironizada

Por Federico Dieguez

Con el reestreno de Tirria, de Lucas Nine y Nancy Giampaolo, le damos nuevamente la bienvenida al
exquisito recurso de la ironía bien utilizada, la parodia, la imitación caricaturesca de un país que
parece enterrado en el pasado pero que se mantiene más vivo que nunca. Siéntense cómodos a ver
una interpretación mordaz de nuestra historia que interpela el presente: el eterno ciclo que se
repite, inevitable y avasallante.

Tirria es una comedia con componentes de humor negro y grotesco, en donde nos adentramos en la
crisis de una reconocida familia patricia argentina. Los Sobrado Alvear están en la ruina económica,
pero no en la social: para mantener su estatus fingirán vacacionar en Europa como cada año, y se
encerrarán en el desván durante tres meses para no levantar las sospechas de su círculo, ayudados
por su fiel mayordomo. ¿Cuál es el límite de la cordura sin ver la luz? ¿Y cuál es el precio por
mantener el honor del apellido intacto?

Así como lo fueron las películas Esperando a la Carroza o Plata Dulce, por citar algunas, esta obra
nos habla irónicamente de la sociedad argentina y las desigualdades que están naturalizadas. Pero
no lo hace explícitamente a modo de denuncia, sino que parodia sutil y magníficamente un núcleo
social, en este caso a una gran casa tradicional de nuestra aristocracia. En escena, los personajes
sufren verdaderamente sus conflictos, mientras el público entrevé sus oscuridades y malicias. Para
lograrlo, hay un buen trabajo de guion que marida con las interpretaciones de los actores y actrices:
Diego Capusotto desparrama pinceladas de su talento, a la vez que Andrea Politti y Rafael
Spregelburd sostienen por completo la obra con actuaciones fenomenales. Daniel Berbedés nos
obsequia a un tío igual odiable que entrañable, y el trío conformado por Juano Arana, Eva Capusotto
y Galo Politti retrata la vil inocencia de una clase alta ajena a todo.

No es casualidad hablar de cine, ya que la obra homenajea a un género de la filmografía italiana que
se hizo muy popular en nuestro país: la comedia de “teléfono blanco”. Objeto de lujo y de status, el
teléfono se transforma en epicentro de escenas burguesas donde la opulencia y el desarrollo
industrial se abrían paso. Tirria toma esta representación como base y la fusiona con recursos
visuales y sonoros que llevan al espectador a una experiencia cuasi cinematográfica. Al agregar la
crítica ironizada, nos encontramos ante una obra que visibiliza el círculo temporal del que no
podemos salir. Hay cosas que nunca cambian, hay errores que se cometen perpetuamente y hay
costumbres que permanecen inalterables. Mismos ganadores y mismos perdedores. Los apellidos
pueden variar, pero el “honor” no se vende. ¡Ay, Argentina! No cambias más…




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