Reseña | Teatro | Derecho de piso


¡¿Dónde está la asistente?!

Por Gustavo Noriega 


El asistente en el montaje de una obra de teatro debe estar muy seguro de querer asumir el rol, ya que todos los demás integrantes de la compañía, acudirán a él; sea para pedir el texto que deberá estudiar el actor, o para que pase el contacto de WhatsApp de la vestuarista. En el caso de “Derecho de piso” de Ana Schimelman y Ian Shifres, la que sufrirá un atosigamiento sin pausas, es Brenda, que cubre ese puesto multifunción; mientras, espera la oportunidad de ser descubierta como actriz; ya que pasó por los talleres de los grandes maestros de la escena, para alcanzar su sueño.

Luego de avanzados los ensayos de la obra, avivada por la iluminadora -un poco al margen del equipo y atraída sentimentalmente por ella– llega el momento en que la asistente no soporta más tanta presión; especialmente porque se siente usada e infravalorada en extremo; y verá la forma de hacerse visible en medio de un grupo que la invisibiliza.

Un elenco joven imprime una tierna energía a las escenas, con mayor o menor protagonismo de las capacidades vocales o dramáticas según el caso, pero con un ritmo que no decae. La música y las letras originales y vernáculas, con gags muy efectivos por su simpleza y hondura, requieren de un público alerta, porque los procedimientos para provocar la risa, son muchos.

La iluminación acompaña algunas escenas con profusión de colores, o es monocroma; acompañando los cuadros y sosteniendo el carácter festivo de la obra -el rito teatral es lo que se festeja- con recursos bien definidos que potencian cada momento.

Si bien el título de la pieza está en relación al trabajo teatral -sus autores conocen al dedillo las particularidades del ambiente de las artes escénicas y hacen que todas las situaciones que se vuelven grotescas, rindan mucho más- se extiende al ámbito laboral en general. Se trata del teatro dentro del teatro, pero al mismo tiempo por tratarse de un sistema de jerarquías laborales, se vuelve universal.

Cía. Teatro Futuro, es una estructura de creación y producción con propuestas centradas en la literatura, la música, y el trabajo sobre la actuación, que pone como valor primordial la imaginación para crear nuevos mundos. "Lo mejor que se puede hacer hoy en día es invertir tiempo, dinero y entusiasmo en una sala de teatro";, aseguran sus voceros. También hay un personaje inanimado que estará siempre en el centro de la escena: una tortuga de gran porte. En la cultura China su caparazón (cielo) y cuerpo (tierra) representan el cosmos y la creación del mundo. También en la fábula de la liebre y la tortuga, ilustra cómo, la constancia y la paciencia vencen a la velocidad y la arrogancia. Pero el simbolismo que más se acerca a la realidad de Brenda es el del viaje, del aprendizaje y del crecimiento personal a través de la experiencia.


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