Reseña | Cine | Exterminio: El templo de los huesos
Por Mariana Parodi
Esta nueva entrega de la saga iniciada por Danny Boyle y Alex Garland marca un punto de inflexión en la franquicia tal como lo hizo Exterminio: La Evolución. Bajo la dirección de Nia DaCosta en esta oportunidad, Exterminio: El Templo de los Huesos no solo expande el universo de la infección, sino que lo subvierte, alejándose del cine de persecución tradicional para adentrarse en un horror psicológico y existencial mucho más denso.
En un mundo donde el virus de la rabia ya ha diezmado la civilización, la narrativa se divide en dos ejes de tensión. El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se encuentra en el centro de una relación inesperada y sorprendente. Sus decisiones no solo afectan su ética profesional, sino que guardan el potencial de alterar el destino biológico de la humanidad. Y el encuentro entre Spike (Alfie Williams) y el enigmático Jimmy Crystal (Jack O'Connell) se transforma rápidamente en una pesadilla claustrofóbica. Aquí, la película explora la degradación moral en un entorno sin leyes.
La premisa es clara y aterradora: en El Templo de los Huesos, los infectados ya no son el peligro principal. La verdadera amenaza reside en la extraña e inquietante inhumanidad de los que han logrado sobrevivir.
Fiennes entrega una actuación brillante. Su Dr. Kelson es un hombre que carga con el peso de la ciencia en un mundo que ya no la respeta. Es una figura que representa la lucha por mantener la humanidad, transmitiendo compasión y esperanza en contraste con la barbarie y otros supervivientes.
Uno de los puntos más altos de esta entrega es la evolución del personaje de Samson (Chi Lewis-Parrys). Lo que comienza como un rol secundario o de apoyo se convierte en el motor de un giro narrativo que redefine la lealtad y la supervivencia. Este cambio de paradigma en Samson obliga al espectador a cuestionar quién merece realmente ser salvado en este nuevo orden mundial.
La dirección de DaCosta aporta una estética visual más estilizada y gótica que se apoya fuertemente en una musicalización que abandona los ritmos frenéticos de las entregas anteriores para abrazar sonidos más orgánicos, lúgubres y espirituales. La banda sonora funciona como un pulso constante de ansiedad que subraya la pérdida de la esencia humana y tiene grandes momentos de la mano del Dr. Kelson y su tocadiscos.
Exterminio: El Templo de los Huesos se detiene en la arquitectura del trauma. La película muestra que el virus fue solo el catalizador para que el hombre revelara su verdadera naturaleza, una más extraña y aterradora que cualquier síntoma de la rabia. Es una película incómoda que exige mucho del espectador, recompensándolo con una reflexión oscura sobre lo que queda de nosotros cuando la civilización desaparece.
Ya en cines.

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