Cine | Reseña de Madre Siniestra

Título original: Other Mommy. Año: 2026. País: EEUU. Dirección: Rob Savage. Guion: Nathan Elston, basada en: la novela Hay algo malo en casa, de Josh Malerman. Elenco: Jessica Chastain, Jay Duplass, Arabella Olivia Clark, Dichen Lachman, Arian Moayed, Karen Allen. Fotografía: Lowell A. Meyer. Duración: 93 minutos. Distribuidora: Universal Pictures. Calificación: +13



por Erik Mukowoz




El terror llegó nuevamente a los cines con Madre Siniestra (Other Mommy), película dirigida por Rob Savage, responsable de Host (2020) y Boogeyman: Tu miedo es real (2023). En esta ocasión, adapta la novela Incidents Around the House (2024), escrita por Josh Malerman. 

Con la producción de James Wan y el estudio de terror Blumhouse, la película presenta un elemento bastante inquietante dentro del género y que últimamente funciona: utiliza la mirada infantil para construir el terror. La niña protagonista, llamada Bela, no comprende completamente lo que está sucediendo y tampoco cuenta con las herramientas necesarias para explicar a los adultos aquello que ve. Esto provoca que, durante buena parte de la historia, exista una duda constante sobre lo que realmente ocurre. ¿Se trata de una presencia sobrenatural o de la imaginación de una niña que está atravesando una situación familiar complicada? 

El director aprovecha esa incertidumbre para construir una atmósfera en la que incluso los momentos aparentemente normales pueden transformarse en situaciones incómodas.

También juega con uno de los miedos más básicos que puede experimentar un niño mientras descubre cómo se relacionan los adultos. La presencia conocida como la Otra Mamá puede recordar a una versión retorcida de Peter Pan, tanto por su propósito como por sus actos.

En cuanto a la dirección, Rob Savage hace lo mejor que puede dentro de un género por el que demuestra admiración, aunque todavía no parece encajar del todo. En este caso, el desafío estaba en conseguir que una figura tan familiar como una madre pudiera convertirse en algo amenazante. Sin embargo, en algunos momentos la propuesta parece inclinarse más hacia el espectáculo visual, con muchos efectos por computadora, que hacia el terror psicológico que planteaba inicialmente.

Uno de los puntos más destacables del reparto es Jessica Chastain, quien tiene la difícil tarea de interpretar a una madre y, al mismo tiempo, a una presencia amenazante. La actriz consigue diferenciar ambas versiones mediante pequeños cambios en sus expresiones, movimientos y forma de relacionarse. Chastain ya había tenido contacto con el género en Mamá (2013) e It: Capítulo Dos (2019), por lo que su presencia en una película de terror vuelve a demostrar que puede desenvolverse correctamente dentro de este tipo de historias.



Por otro lado, Arabella Olivia Clark tiene una responsabilidad bastante importante al interpretar a Bela, ya que gran parte de la película depende de que el espectador pueda conectar con el miedo de la protagonista. Su actuación consigue transmitir esa mezcla de curiosidad, inocencia y temor que necesita el personaje. La historia está construida desde su perspectiva, lo que provoca que muchas situaciones tengan una lógica diferente de la que tendría una persona adulta. 

La banda sonora y el diseño sonoro cumplen correctamente con su función. Los silencios tienen un peso importante y permiten que algunos momentos cotidianos se sientan incómodos antes de que ocurra algo. No busca convertirse constantemente en el protagonista de las escenas, sino acompañar la atmósfera que está construyendo el director. Es justamente en esos momentos de calma donde la película consigue algunos de sus mejores resultados, porque permite que el espectador imagine qué puede estar escondido detrás de aquello que todavía no se muestra.

Los detalles que pueden resultar cuestionables son el ritmo y lo visual. La película tiene una duración aproximada de 93 minutos y, aunque esto permite mantener una experiencia bastante directa, también provoca que algunas situaciones se desarrollen de manera demasiado abrupta. Al tratarse de una adaptación de un libro, es posible que se hayan eliminado datos o momentos importantes en la trama.

Por otro lado, los efectos visuales, si bien se justifican a la historia que intenta contar, cometen el error de mostrar demasiado. En su afán por hacerlo, provocan que el CGI sea demasiado evidente y que, por momentos, se pierda la experiencia terrorífica. Esos detalles pueden provocar que el espectador se sienta sobresaturado por el frenético ritmo y los constantes efectos digitales. 

La cantidad de sustos es también un aspecto a tomar en cuenta. Los jumpscares son un recurso habitual del género, pero deben utilizarse en el momento adecuado, cuando el espectador sea atrapado desprevenido. La película tiene momentos donde consigue generar una sensación incómoda, pero también existen situaciones en las que el recurso utilizado resulta predecible.

La propuesta resulta mucho más interesante cuando se enfoca en la relación entre Bela y la Otra Mamá en un entorno real y con las actuaciones de ambas, sin la necesidad de recurrir a un susto rápido o un CGI apresurado.


 

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